martes, 29 de septiembre de 2009

Ojo por qué pedís perdón

Ayer fue el día del perdón para la colectividad judía y, por ende, escuché a muchos comunicadores informar sobre lo que es este día tan especial, y que muchos describen como de recogimiento.

Es un día para reflexionar sobre lo hecho y animarse a pedir perdón y perdonar a quienes nos hayan –o hayamos- dañado. No es un día libre para pedirle perdón a quien venga a reclamarnos algo ni para zafar toda cagada que nos hayamos mandado con un simple perdón que no convence a nadie.

Permitirse reflexionar y plantearse el modo en que nos gustaría encarar lo venidero es un acto de nobleza, no así andar sacándose culpas y lavando penas con el acto reflejo de pedir perdón o perdonar a quien pase por nuestro lado.

El acto de perdonar tiene que salir desde las entrañas, sentir realmente la necesidad de perdonar a alguien por lo que nos haya hecho tiene que ser una muestra de la superación personal que nos damos paso por el sólo hecho de saber perdonar, dejar pasar lo ocurrido.

Pedir perdón es tener plena conciencia de que procedimos de algún modo que perjudicó a alguien, y tener necesidad de que nos perdone es querer aclarar algo, ponerlo en blanco sobre negro, y que el otro admita el daño y lo dé por superado.

Así que a tener cuidado con a quién y por qué perdonamos o pedimos disculpas, no sea cosa que se vuelva un boomerang. En todas estas cuestiones llenas de religión en el medio, es mejor pecar de descreído que comerse el pescado podrido, y no hay santo de mi devoción que se permita desconfiar sin ser porfiado, ni pena ni gloria que sacuda la modorra de los clérigos que se duermen en lo que se les prohibió.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...