sábado, 12 de diciembre de 2009

Maquiavelo, vos y yo


Mirame a los ojos, y decime lo que creés a la cara. Se te frunce el orto conmigo, gil. ¿Por qué? Porque sabés que tu actitud está cargada de manipulación, de búsqueda de obtener algo a cambio siempre por lo que hacés. Por eso te exaltás, porque aunque defiendas tus desires a capa y espada, sabés que en el fondo, en la mirada está la respuesta a lo que buscás.

Todo de lo que me acuses, con tu ira desenfrenada, te lo decís a vos. ¿O acaso vos te pensás que vas a venir a darme clases de buena gente a mi? Haceme el favor de mirarte, recorrerte sensatamente y no buscar que yo te diga en qué fallás. Te lo dejo a vos, que tan dueño de la verdad creés ser, si total te mostrás como alguien a quien las balas no le entran, y andás desparramando irrealidades fantaseosas por ahí para ver quién se hace adepto de tus causas.

Causas perdidas, pero no voy a venir a descubrirlo yo, faltaba más, si total tenés tiempo de caer y desencantarte porque las cosas no se hacen como vos querrías.
Hacete el favor de parar el carro y darte cuenta que el que está en un círculo vicioso sos vos. No me vengas con tus grandilocuencias discursivas para dar vuelta la tortilla y usar tus palabras como dardos, porque sabé que en mi no hay vuelta atrás de eso. Banco, tolero, siempre que el otro no tenga alevosía en su daño. Ahí, suelto, porque dejando libre no hay forma de poder quedar atado.

Eso es madurez emocional, querido, y no la pendejada de andar queriendo dejar al otro en evidencia. Aparte, ¿de qué? Insisto en mi idea clave: sé quién soy y cómo actúo así que nadie podrá venir a juzgarme ni acusarme de nada. No a lugar. ¿Aconsejar? Se recibe de buen gusto. Pero si el que da vuelta los tantos, mezcla en función de su conveniencia, muestra la hilacha, y encima tiene el tupé de acusar a troche y moche a uno de eso, sos vos, no me vengas con que lo hacés por mi bien.

Eso es manipular, y yo eso ya aprendí a desactivarlo. ¿Cómo? A fuerza de animarme a atravezar lo que haya que, de ir para adelante y aprender de lo que se presenta, y no de las triquiñuelas que podés elaborar en lo intrincado de tu mente maquiavélica.
Porque yo te huelo a la distancia, porque ya nos conocemos mucho y mi capacidad de conceder y abortar el enojo no es una vía libre para que pruebes conmigo cualquier estrategia. Todo tiene un límite, y éste es el mío. Cuando quieras seguir construyendo vínculo amoroso, y no basado en tus intenciones ocultas, sólo tenés que levantar el teléfono. Acá estaré esperando. A pesar de todo.

Porque tengo claro lo que valés, cuando te comportás como persona y dejás de lado el... llamémoslo estrés para ser benevolentes y conceder posibilidades. Sé lo que me merezco, y el hecho de que estés rodeado de gente no te hace acreedor de nada. Mucho, casi nunca es bueno, así que acá estoy, para cuando quieras seguir actuando causa-consecuencia, y no tejiendo quién sabe qué historia de la que te hacés eco, y yo te dejo pasar, como quien esquiva un proyectil.
Estás eyectado, sólo para preservarte. Porque te adjudico valor, y eso en mi es lo que prevalece. Hasta cuando quieras.
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