sábado, 11 de septiembre de 2010

Mentir es pérdida, la verdad

La mentira es una pérdida, de identidad, de creencias, es sentirse doblegado por el accionar y la presión social a grado tal que nos obliga a faltar a la Verdad. Que nunca es una, sino subjetiva, y de ahí que sólo uno sabe considerar si mintió o no.
¿Miento si creo que sólo uno percibe como mentira lo que afecta e introduce el síntoma en la acción?

Mentir es no comprender la consigna, es perder de vista el universo que se abre y creerse lo suficientemente débil como para no poder enfrentar la realidad.
La idea de pérdida ronda en el siniestro concepto del que se sintió sin rumbo en el devenir grupal, social y cultural, y tomó las armas de la falta a la verdad para sentirse a resguardo de su impedimento interior.

Al mentir se da por perdido el paradero del diálogo llevado con soltura, autenticidad, espontaneidad, y se desemboca en el chanchullo del enredo superior de estar haciendo equilibrio en la incierta cornisa del que miente y encima teme ser descubierto.
Desgaste de energías sin parangón.

Se dice que tiene patas cortas, y se me viene la imagen de un hombre que se quedó en su proceso de crecimiento, que quedó empequeñecido, diminuto, por el corte sin sentido y no se permitió ver qué tenía el otro lado de la luna.
Porque la Verdad es una, o al menos aúna, y está servida en bandeja para cuando la queramos ver y expresar.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Estrés, síntoma y demanda excesiva

El estrés es una psicosomatización de estos tiempos posmodernos, que se expresa en saturación mental con sus consecuentes malas decisiones y procederes.
Sentirse estresado es saberse colmado, del ritmo y la vorágine que intenta carcomernos diariamente o, sin persecución posible, apenas si se hace eco de nuestro accionar y nos deja librados a la suerte del que nos encontremos, regalados, entregados a la ejecución ajena.
Dejar pasar al estrés, que se apodere de nosotros, es darle paso a las acciones dañinas, permitir que se asiente en nuestros cerebros y que se vea representado en el cuerpo con forma de dejadez, y en la cabeza como acelere incesante que no nos permite percatarnos del camino que nos llevaría a la liberación del problema para que se desenrede por sus propios medios.

El estrés es una patología, es tensión consumada en clave de hartazgo, que no nos deja concentrarnos en lo que deberíamos, para dejar que lo que nos produce el malestar se reproduzca incesantemente y nos haga dar vueltas sobre el mismo esquema de saciedad, tan sólo para propagar ese dispare interior que no nos deja estar tranquilos, que nos fuerza a sentir cada hecho con un tremendismo estremecedor, y que no habrá forma de salirse de lo que no queremos vivir más.

El estresado está regalado a lo que aparezca, no se permite ver que su decisión es la que prevalece y lo guía en lo venidero. El estrés hace que pensemos que no hay resolución a lo que nos aqueja, sino que el mal-estar, el mal accionar, hará que todo se apodere de lo que acontece. El estrés no brinda perspectiva, el estrés quita visión.

Preservarse del estrés implica no involucrarse con los hechos a grado tal que nos hagan creer que somos parte, sino que hay que tomar la distancia oportuna para saber tomar decisiones sin que la situación nos domine y nos deje determinar por dónde seguir sin que el hecho desencadenante sea obturante, sino tomado apenas como un mensaje que nos hace virar el timón y agarrar para el otro lado.
Sin estrés, será asimilable, y podremos saber por dónde va el desenredo de la madeja del error.


lunes, 6 de septiembre de 2010

Creencias, despedidas y atenciones

Vos no crees en mi y lo que puedo dar. ¿Por qué entonces tendría que creer yo? Porque soy más complaciente y pudiente, es un ensayo de respuesta, pero no se condice con lo que siento. ¿Vos te pensás que podés hacer lo que quieras y yo lo voy a asimilar poniendo la mejilla?

Tomo lo concreto, lo que veo y me resuena. Vos no te das por enterada hasta que no te tocan el culo, porque sólo te incumbe lo que afecta a tu persona y microvida. Te mandás tus mocos, y si no te tocan no te das por enterada del dolor ajeno.

Comprate una vida, me repito, te repito, y me hago eco de lo que me diste a entender. No creo ser merecedor de esa condición, soy un ser que expresa lo que puede y le da el fuste, y vos superaste mis posibilidades. Hago lo que me apetece, pero al conocerte te adivino la jugada con medio año de anticipación…
Suficiente. El colmo llega a rebalsar el vaso cuando ya estamos fuera de las expectativas y aún así das en el blanco de lo que me hiere y ¿se supone que no debo darme por enterado?
No soy de otro material más que de carne y hueso, lo que digo trata de condecirse con lo que hago, y eso alcanza para saber que cuando le bajan el pulgar a uno, hay que ser consecuente y actuar en espejo. Lo sienta así o no, no hay que regalar a los que no saben recibir dicho presente.
Pocas personas llegaron a conocerme tanto. ¿Acaso tu percepción falla a grado tal de no darse cuenta de cuales son mis posibilidades, limitaciones y condiciones sin equa non?
Lástima, te lo perdiste, me lo perdí yo también, pero sé hasta dónde dar y cuándo dedicarme a ver qué vuelve. No sos consecuente con tus dichos, ni con tus palabras fáciles y pueriles. Entusiasmás, generás bataola, para después lavarte las manos y creerte impune. No es de ahora, cada cual reitera y se repite en sus karmas hasta que logra comprenderlos e intenta trascenderlo, superar su instancia terrenal.


Vos parece ser que ni te planteás esas cuestiones. Como si la vida se regalase a tu único entendimiento, y tejés fantasías como creer fuerte y admirable a quien no lo es, todo para que se condiga con tus intenciones.
Eso no es ser, tampoco es ser persona, eso es adecuarse convenientemente a lo que se ofrece. Supero la instancia de quien no piensa en el otro más que lo que le es preferible. Esos sujetos no merecen ni siquiera mi atención.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Elegir, distinguir, vivir feliz

Siento que la vida de cada persona es de acuerdo a lo que se anima a ver, a plantearse, a dilucidar y dar paso, y cada vez más se me viene un "pensamiento incorrecto" para compartir. Se trata de que el que no quiere, o no puede, es a quien le va mal o siente como padecimiento la vida.

La vida es posibilidad, opción, elección, es un sinfín de oportunidades y cada cual decide cuánto está dispuesto a divisar y encarar.
Con buenos ojos, el día no alcanza para distinguir todo lo que se hace presente para encontrarle el ribete, la situación que nos haga salir del letargo y aprovechar lo que se nos muestra para ser consecuentes con nuestro deseo.
Estar despierto, que le dicen.

Muchos eligen andar adormecidos, abombados, o distraídos con banalidades o peleas circunstanciales. Parece ser una vida más complicada pero es verdaderamente más complaciente saberse con posibilidad de discusión o con qué hacerse la cabeza todo el día.

Al elegir ocuparse de las verdaderas señales y perspectivas del vivir, hay que desarrollar habilidades y circunstancias que nos permitan avanzar, y eso en forma sostenida es de una dificultad y complejidad tal que muy pocos están dispuestos a hacerle frente.

La queja, el rezongo, el enfrentamiento, siempre son recursos más a mano que darle curso a lo que verdaderamente deberíamos. Aparte, creerse afuera y observador del proceso natural de crecimiento es otro artilugio muy disponible para aquellos que prefieren sentarse a discutir y criticar al que hace.

Hacer implica, muchas veces, equivocarse, encarar por otro lado, recaer temporalmente en el error que tanto nos atosiga y agobia, y aún así saber que de cada prueba aprendemos algo nuevo, conciente o inconscientemente, y que la próxima vez saldrá mejor.
Aceptar los tiempos y procesos, animarse a distinguirlos, corregir sin darse con un látigo, son acciones más propias del que desea ver más Verdad que del que opta por resguardarse, por temor a que le quiten quién sabe qué y, sobre todo, por qué miedo tan acunado que no lo deja ver el bosque que delante de sus ojos se regala, para que él tan sólo crea que es algo amenazador.

¿Qué historia te comiste? Salí a conquistar el mundo, tu mundo, el que te animaste y dejás ver. Ahora, porque con esa política y accionar se irán abriendo puertas y quién sabe dónde estarás en breve.

Las distancias son cada vez más sorteables, son lo que nos queramos imaginar, y las instancias cada vez más disfrutables, digeribles y asimilables. Permití que entren en vos. Y así se desintegrará el enojo, la ira, el sinsentido del hablar mal del otro, para darle paso a lo que sientas y quieras expresar. Cada cual tiene lo suyo, es personal, más solo dando lugar a lo que querés podrás encontrar, encontrarte.
Y ahí, sólo ahí, podrás ver eso de que la vida es oportunidad, constante, y que logramos distinguir y hacer uso de lo que alcanzamos a percibir, peor hay tanto más que, entiendo, apabulla y por momentos da ganas de guardarse. Ok, un rato, pero después salí a captar mundo. Es increíble lo que hay.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

El buscador

Todo empieza con un buscador. Sin un indagador de rutas, caminos a seguir, no hay historia que atravesar, que contar, que vivir, que indagar.

La página de inicio es un buscador. Google pero antes era Yahoo, Altavista, el inspector Crusoe, o Adán y Eva. El que busca es el que obtiene recompensa, el que encuentra sin animarse a buscar apenas si se sorprende, en el mejor de los casos. Puede ser un osado en recibir el destino como un mensaje que le cae más allá de él, ajeno.

Pero el buscador es el que da rumbo, el que direcciona, el que apunta su dislate y lo hace plasmar su don, su esencia más allá de toda postura, íntima y reservada, para proyectarla contra una hoja, una pared, un espacio concreto, que deje muestra de su avance incesante.

El que busca, encuentra, reza el pueblo, y el que mira, deja de ver su derivada e integra las imprecisiones en forma de consulta e intriga. Sin reservas, por más vida, que es la que perdura, y san se acabó.

lunes, 30 de agosto de 2010

Ponele ganas, ponele amor

Todo lo que hagamos, sea la tarea más rutinaria y supuestamente aburrida, como la que más nos excita, descoloca y sorprende, requiere de -o se ve favorecido si se le da- entrega y ganas de que salga bien, con ese toque especial que, sabemos, podemos darle.

Ponele ganas, a lo que hagas. Toda decisión se sustenta más en cómo encaremos a posteriori lo asumido como verdad que en la decisión en sí. El acto de ejecutar pasos es mera consecuencia del modo en que nos tomamos lo que se hace presente ante nuestros ojos.

All we need is love. Es la forma de obtener siempre los mejores beneficios de la instancia que estemos atravesando, sea dura, densa, luminosa o creativa.

¿El placer de verse no debería estar dado por las ganas y la efervescencia latente en el cuerpo? Apenas si el pensamiento juega su parte, desde el placentero lado del que está del mismo que uno, que se hace carne por la irremediabilidad del hecho.

Consumo y prodigo en lujo, el que se vaya de pista será un dichoso, de saberse fuerte en la rompiente, de saber que pasó agua bajo ese puente. Y no es por moderado que aprenderás a saciarte en vida, si prima el quedado antes que el osado no habrá gloria en la pena ni quien escuche la voz del que sostiene, Pereyra, total no hay historia que se teja sin tu realización.

¿Habla más de lo que lo aqueja o de lo que quiere y hace? Hace falta juntarse más a los segundos, porque son los que no tienen nada que soslayar del mal ajeno y reparan más en la propia voluntad de consecución y sentimiento de amistad y empatía por los mensajes de la vida misma, los que le hacen el amor a las cosas.

Menos cosas y más fozas, para dar por la borda con lo que molesta. Más personas con las que entablar en sintonía, más situaciones que dejen ver lo que hay por delante, y no que reparen tanto en lo que ya pasó.
A otra cosa mariposa. La prosa pesada, el cultivo de lo marchito, la incitación a lo que ya caducó, no me reflejan ni me sientan. Me pruebo el traje que voy a llevar.

jueves, 26 de agosto de 2010

Las paces

Hacer las paces con el mundo y el entorno es un acto que lleva tiempo, dedicación, perseverancia y una actitud positiva y de aceptación en gran medida.

Hacer las paces implica entender que no hay enemigos que se opongan a nuestra realización más que los fantasmas personales que no nos dejan ver lo cobijante que puede ser el afuera cuando por dentro estamos en armonía y fluyendo, no según lo que pretendemos que sea, sino como el exterior nos muestra que circula la energía.

Hacer las paces es entender que hay que abocarse a leer las circunstancias que se nos ofrecen sin mayores resistencias, dándole la bienvenida a lo que se ofrece y permitiendo que circule sin obturaciones. Generalmente imaginarias, las mismas.

También vale comprender que no todo se presenta color de rosa, y por más optimismo que se tenga se harán presentes obstáculos inevitables y esperables, sólo que en paz con lo que nos rodea podremos actuar de modo tal que dejemos fluir el evento que se hace carne en formato problema y que avizora su solución inminente.

Haciendo las paces con el mundo es el único modo de comprender que el sistema problema/solución no es dañino, sino productivo y nos conduce a la boca del túnel para ver la luz al final del camino. Y luego volveremos a atravesar túneles y dilemas, de la talla que estemos dispuestos a hacerle frente en esta nueva oportunidad, porque de eso se trata el proceso de crecimiento.


En paz, lo oscuro se tiñe de lumínico, lo que era grande e irresoluble se desintegra en partes y pasos a dar, concretos, constantes, plenos de enseñanzas para nuestro aprendizaje, y aún así no nos sacan de la paz con la que, sabemos, podemos y debemos abordarlos. Es ni más ni menos que lo que nos toca en suerte.
Haciendo las paces, la suerte es un hecho que está de nuestro lado, porque siempre estamos favorecidos por la dicha de estar donde tenemos que estar.

martes, 24 de agosto de 2010

Un sueño despierto (parte II)

Aparezco durmiendo, en la esquina junto al baño de un patio de comidas. Camino entre desconcertado y cuidando mis pertenencias que quedaban atrás en el colchón, tras pensar que nadie lo tocaría porque no van a tocar en los andrajos de un linyera que recién se levanta, sigo caminando hasta el patio central.
Un techo todo de vidrio, tipo una bola de Epcot o el Planetario, y las mesas las habían corrido todas para poder sentarse en el suelo y ver una pantalla gigante que les mostraba “los resultados”.
Se estaban enterando, como quienes miran la final de un mundial de fútbol, cómo iba la reunión en la que había estado espiando.
Ellos eran los que seguían el cabeza a cabeza en las estadísticas publicadas con la fuerza de la comunicación mediática para todo oído que se preste. Y el mundo estaba ahí, consumiendo en vivo y en directo lo que allí pasaba.


Me despabilé al toque. Ofuscado, me dije que les transmitiría a todos lo que vi.
Me paré frente a la pantalla, como quien tapa la tele del living familiar para llamar la atención y anunciar algo.
Mi figura abarcaba lo mismo que dos o 3 pixels de la pantalla en su totalidad, me sentía un punto en el planeta mismo.
“Gente, vengo de estar ahí, no van a decidir nada, están hablando temas teóricos y de buena verba pero no conducentes, no quieren llegar a un acuerdo, no es lo que les interesa”, llegué a esbozar, para arrancar y sentirme encolumnado con la verdad que venía a revelarles.
Silencio por un rato en los que llegaron a escucharme sin micrófono alguno en semejante espacio envolvente. Vuelta al ruedo con el grito del conductor de turno que anuncia un “giro de los Estados Unidos (del Rïo de la Plata, de América, de Latinoamérica, del planeta tierra) en su diplomacia en la búsqueda del cambio y el bien común”.
Me indigno. Apelo a lo más llamativo que podría hacer para no perder la atención que se empieza a dispersar nuevamente. Y me pongo en bolas y a gritar.
La gente se queda mirando entre indignada y atenta y les explico que allá adentro, las autoridades del mundo están reunidas, pero no iba a salir nada relevante de allí, porque no tenían interés que eso pasara. Que el cambio tenía que venir de cada uno.
Se nublan. Nuevamente paso a integrar la nada, el espacio fantasmagórico en donde estamos en el lugar pero sólo para ser contemplado, analizado, desgranado, sin intervenir, por más que gritemos, lloremos o pataleemos.
Estas afuera.

Y de entre la neblina, las caras nubladas como todo un desfasaje de televisión para no saber quién se oculta detrás de esa imagen, sale una figura más nítida. De una gran funda neblinosa que ocupaba el llano, se empezó a desprender como una oruga al querer ser mariposa, una persona que me invitaba a olvidarme de lo que les estaba queriendo mostrar a la teleplatea, al espectador, a la audiencia, y que saliéramos a correr alrededor, a los saltos, en movimiento ascendente, sin darnos cuenta, como una espiral, que supera la instancia relevante del más acá que vive en su día a día la gente, que les ocupa y hasta preocupa, pero los aísla de eso que está más allá, y que no todos quieren enterarse.
Si todos vivieran a conciencia no existiría el mundo de la industria armamentista, ni la farmacéutica, ni infinidad de cosas pensadas para protegerse del mal, pero no es del mundo de los imposibles que quiero hablarte, para eso buscaré otra rima.
En lo concreto, te saliste de entre la multitud a hacerme olvidar por un rato el interés por transmitir lo que pienso y creo, apenas si me dijiste “vení, vamos” y te largaste a volar, a ver si te seguía, estirando tu mano, invitando a ir.
Y ahí se acabó. Se fue. Más que como un final feliz, de esos que la cámara sube y se pierde en una imprecisión, fue como un apagón, de esos que sorprenden en el momento menos oportuno y hace que ya estemos pensando dónde hay velas o alguna luz con la cual iluminarnos.
A ver qué toca ahora.
Acá estamos, poniendo la carita, a la cruel realidad.
 
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