miércoles, 14 de julio de 2010

Espacios y renovación

Les comparto un pedido y una oferta, de lugares, en estos tiempos de cambios incesantes.

Por un lado, estoy en la búsqueda de un espacio donde dar charlas o talleres, con capacidad para entre 30 y 50 personas. Venía utilizando el teatro en el primer piso del bar El Taller, en Palermo, pero está próximo a cerrar. La idea es que esté ubicado en esa zona de influencia, por Palermo, Belgrano, o alrededores. Cualquier dato que tengan para aportarme, será bienvenido.
Por el otro, ofrezco en alquiler un departamento de un ambiente, amueblado, en la zona del Congreso -a 6 cuadras-, con bella vista hacia el sur de la ciudad, en un piso 19, preferentemente a un extranjero que quiera visitar Buenos Aires, en la época primavera/verano de aquí, es decir, de Noviembre a Abril, estimativamente.

Toda consulta, interés, conocimiento o voluntad de ayuda, pueden escribirme un mail a maxigalin@poderama.com.ar y la seguimos.

Estamos comunicados, gracias.

lunes, 12 de julio de 2010

De buenas a primeras

De primeras a últimas. Y de últimas a primeras. Con entregar las fortalezas alcanza, con relajar las intenciones se supera toda expectativa. ¿Qué se puede decir desde la inutilidad del obsoleto? Que me arriesgué mucho más que lo que tengo. Que nada se pierde si no se abandona. Que la Naturaleza nos termina llevando al momento exacto en que nos conviene y apetece estar.

Algo más que descartar a la hora de asignar responsabilidades. Nadie nos obliga a nada, vamos a donde queremos. La voluntad se expresa en el máximo e inconsciente instante en que todo se acontece.
Dejemos que lo haga, pues.

sábado, 10 de julio de 2010

Mentira la verdad

Muy atado a los números se pierde la conciencia.
Estar sirve para liberar los intersticios subliminales de las canaletas que se forman en las neuronas, en la masa encefálica que genera circuitos de circulación de chispazos de conexión y fluidez del cosmos por entre nosotros.
Nos. Otros.

Me lleno de satisfacción. Can´t you give me a wawancó.
It´s a long long night. Manu chao, Victor Hugo, y el ritmo acompasado de mi menor. Ni la menor duda que la mentira es la verdad, suena este ritmo, ¿por qué será? Su ola revolcada en rockandrola, poca bola, volverá.

Volveré y seré millones, mentira lo que dice, mentira la verdad. Arriba, la luna, del Luna, es parte del mundo, el parque, ¿por qué será?

Seguir un camino, trazarlo, para verlo progresando, arriba la luna, de día el sol, ¿Por qué será? Para nosotros, libertad, justicia, y dignidad, el resto sabrá por qué será.

Entraré por México a la suerte, bienvenida, por la Aduana. Tequila, sexo y marihuana. Dice la canción.
Uno desbarranca, se desvanece en deseos inmediatos y libidinales, y así no hay arrepentimiento posible, fue lo que se daba.

martes, 6 de julio de 2010

Lo siento mucho

Siento que abriendo el juego de lo que pasa hay más posibilidades de ver aflorar perspectivas de crecimiento.
Siento mucho que algunos elijan ir por el lado oscuro y siento más tener que desprenderme de los que quería pero me muestran solamente una cara de su personalidad porque sienten que no pueden dar más.

Lo siento mucho puede entenderse como un mensaje de congoja o, visto de otro modo, es la práctica de aquellos que se muestran hipersensibles, con sus sentidos a flor de piel, para captar lo que el mundo les muestra.

Siento que la vía de expresión escrita permite sacar a flote el sentir más fidedigno, que permanece guardado en el inconsciente si no nos remitimos a volcar en la hoja lo que se pronuncia.

Siento mucho que la paciencia sea una variable de ajuste del que no puede resignar tareas ni tiempo y que se sienta mal luego, por la falta de paz.
Siento que hacer actividad física hace que un mismo pensamiento se afiance producto del positivismo que surge en quien transpiró y eliminó las toxinas y la negatividad que rodea a todo cuerpo en reposo.

Lo siento, pero siento bestialmente, y desde ahí acciono y ejecuto.
Ejecuto a sangre fría al que no siente en sintonía, porque el sentimiento obliga a ser guía del proceder, y si no hay sincero arrepentimiento, no habrá momento para aclarar la sensación que lo llevó a ceder.

¿Duro? ¿Rígido? Pero no miento. Es lo que siento, y cada cual tendrá su escarmiento. El día del amigo es para el que siento que no lo lleva el viento, que es consecuente con su pensamiento, y que no se adapta a la conveniencia, ni quiere que uno se esfuerce por pertenecer a quién sabe qué idea pegajosa rodeada de egos.

Al ególatra, lo siento, pero ya no es más momento de dedicarse a su ombligo, porque éste es la conexión al mundo, y no el centro de su microuniverso.
Siento que no es verso, que no hay retorno ni vuelto, ni vuelta que me haga retroceder, porque sólo el proceder hace que siga sintiendo mucho, lo que escucho, lucho y prodigo, y el retorno será el que se afiance en tu entorno.

Si elegiste ser sordo, te repito, el último recurso lo evito, no imito, y te invito a sentir con el cuerpo y el corazón.
Siento que empieza por casa, y uno amasa lo que pasa, y siento decir que el que no acompaña se pasa, porque se cree –creo- en lo que se sintió.

sábado, 3 de julio de 2010

La frustración

El estado de frustración es el que alcanza a las personas que tenían cierta expectativa de logro y realización y ésta se ve perturbada por la realidad misma que le muestra que no es como se lo había imaginado.
El frustrado es un ser de temer porque andará desparramando la mierda que lleva guardada dentro por no haber podido consumar lo que se propuso en idea.

Sentirse frustrado lleva a un innegable estado de tristeza, que si el frustrado en cuestión elije tapar o no darle paso terminará por atosigar su inconciente y verse representado en ira, seguramente hacia sus seres queridos, que son los únicos dispuestos a escucharlo o darle cabida a su inestable y desgraciada forma de actuar.

El frustrado cree tener razón suficiente para agredir y no logra darse cuenta que cuanto más tarde en llevar a cabo su motivo de frustración, más despotricará contra lo que encuentre como excusa para decantar su malestar.

Existen otro tipo de frustrados que canalizan a través de una actividad que hacen otros su incapacidad. Son los fanáticos del índole que sea. Por estos días puede verse claramente en los hinchas acérrimos del fútbol y que ahora dejan recaer su frustración en echar culpas y encontrar culpables en jugadores que supieron llegar a sus objetivos y hacían lo posible en un Mundial que para ellos se acerca más a un torneo amateur que a un desafío tan grandilocuente como se lo representa el frustrado.


Abundan los frustrados que se la agarran con lo primero que encuentran a mano en la Gran ciudad, hábitat ideal para distraerse con cualquier motivo de queja con tal de no dar con el verdadero motivo de indignación, la incapacidad propia y la decepción que les produce su improductividad consagrada.



miércoles, 30 de junio de 2010

La ley de la selva (de cemento), o catarsis ciudadana

Estos días me encuentran arrojando por la borda, soltando, entregando a la nada misma las creencias que por un tiempo dieron pie y sustento a lo que venía tejiendo.
La vida en la ciudad, en ésta, en Buenos Aires, es cada vez más penosa y dura. Y no es algo que percibo yo solo. Es un hecho que, cuando se entra en confianza y se empieza a sacar las corazas que todos ponemos y tenemos para poder habitar un espacio de comodidad y consolidación que nos haga pisar sobre firme, muchos se animan a compartir.

Cada vez noto más la necesidad de las personas de agarrarse de lo que sienten un recurso indispensable, y desde ahí accionan como si fueran animales dispuestos a rodear a su presa.
Presos de la fantasía de alcanzar un grado de afianzamiento social, de escalar por sobre lo que se tiene disponible, que en el espectro de cohabitación que se hace posible entre estas paredes de concreto parece ser todo.

¿Hay algo más por alcanzar que plata, escala social y poder sin ser? Desde luego, sólo que en la voracidad del día que se come al siguiente todo parece indicar que de eso se trata vivir.
Presiento que la ciudad nos muestra cada vez más frente a nuestras narices la disociación imposible de sortear de quienes quieren tener más y hacen lo que sea necesario, sin importar sobre los cuerpos de quién pasen, y quienes saben no podrán acceder a lo que sus conexiones a la civilización impostada, los medios de (in)comunicación y su gente misma, les muestra como materia a alcanzar.


Los pobres desean lo que los ricos ostentan y no pueden tener, los ricos piensan que sólo tendrán más pasando por encima y pisoteando las cabezas de otros tantos. Ni uno ni el otro definen su paridad inconclusa. Saben -¿o no son concientes?- que persiguen la zanahoria inconexa de aspirar a logros esporádicos e insustanciales.

¿Y qué conviene hacer estando en esta esfera de socialización incongruente y disímil? A la larga, si se mantiene en el micromundo que nos dibuja la cosmociudad que todo lo abarca y cree contemplar, se entra en el círculo vicioso y cada cual define objetivos al alcance de sus manos y posibilidades, acotado por la creencia de que esto es lo que hay que perseguir.

Sigo creyendo que no va por ahí. Aunque choque contra las estructuras de toda persona que tiene su rumbo marcado por la inminencia y la necesidad de pagar facturas, y pasar factura al subsiguiente, como un pasamano donde el último será quien apague la luz y salte en grito al cielo, y la piedra será lanzada por el que cree que no tiene pecado.
Pero es pescado podrido, porque el que está dentro no puede ver mucho más que lo que su necesidad concreta y diaria le permite divisar.
¿Quién puede mantenerse en pie sin caer en la inapetencia del vicio circunciso ocasional y esporádico del agotamiento y dislocamiento ciudadano eterno?

Y de ahí se decanta en la mentira a uno mismo, por ende a lo que rodea al ser incompleto que se puede ser. Hay que salir a probar alternativas…
Y cada cual se aferra a la que cree su salvavidas, pero se dificulta si se ve otros seres que no tienen más salvaguarda que sacarle al otro para creerse dueños de algo que no tienen, y por eso necesitan.
Más caos, doblado a la potencia del que envidia y no sabe alcanzar, del que ve la ostentación y no sabe cómo conseguir por sus propios medios.

Después se desfasa en pedidos de protección, que alguien dé la seguridad que se perdió a fuerza de distanciarse de la realidad, y ahí el abismo ya es infranqueable.
Ni saltando ni construyendo muros de contención y aislamiento se podrá salir de la película montada y producida por los actores del reparto inexacto (porque la equitatividad es un invento de los mismos que no supieron conseguir lo que quisieron lograr y se les vedó producto de su ineficiencia) que siguen como bola sin manija haciendo la pantomima necesaria para mantener a la gente entretenida en el ida y vuelta político y mediático.

Pura ilusión. ¿O alguien cree que votando a una persona algo cambiará? Es un grupo, un conjunto, el que puede generar el cambio. Y aún así va de la mano de lo que la masa que habita un lugar pide como solución, cuando ésta está sólo adentro de cada uno.
Mucho para pedirles que lo indaguen. Incursionar en resoluciones personales es más difícil y comprometido que echar culpas al por mayor a agentes externos –los hayamos elegido o no- y así nos sentimos pulcros y santos, preservados de errores y creemos que hace falta que el otro genere el cambio. Nunca empezará por afuera.

Pero la ciudad nos hará creer que lo que nos falta para conseguir lo que no tenemos nos lo sabrá dar algún personaje elocuente y dadivoso que nos muestra eso que se puede tener si fuéramos como ellos.
Un verdadero circo montado por la escalabilidad de la materia y el dinero que todo lo puede conseguir.


Y mientras, cada vez nos alejamos más de la capacidad espiritual, de la Naturaleza que nos regala la verdadera realidad (¿alguien se da cuenta que el mayor espacio verde de la ciudad está a espaldas de todos los edificios, y que con frecuencia se lo incendia producto de la necesidad de seguir consumando el mayor negocio inmobiliario que hoy en día es Puerto Madero? Me refiero a la Reserva Ecológica) y somos rehenes del intercambio constante que se hace indispensable para vivir coherentemente en forma estable y sin sobresaltos mayores.

La búsqueda se convierte en prioridad de estar sustentados por algo que no elegimos, sino que culturalmente se nos impone como logro mayor sin que hayamos decidido siquiera si eso es lo que queremos para nuestras vidas, que persiguen el aviso o producto que vimos en la última publicidad del programa que más nos gusta y que perdimos de vista que lo vemos para relajarnos y distendernos del tenso día que vivimos para juntar el pan diario que nos permite comer y, eventualmente, mantener a los seres que queremos ver bien y felices.

Y así se sigue en el círculo que nos hace no salir ni para tomar aire y respirar entre tanta asfixia y enfermedad posmoderna, como los ataques de pánico y otros, que se calman con más farmacia que tapa y esconde debajo de la alfombra lo que no podemos ver porque estamos lo suficientemente metidos hasta el cuello.

Y la cuota, y el vencimiento, y todo caduca y se entrega a la minucia de la citación de pago y el cumplir con la rutina del que no se permite ver que la vida no va por esa vía.
Mejor seguir tapando, porque reaccionar implica una jugada que se sale de la convencionalidad, y a veces conviene sólo hacer lo necesario para dejar contento al cercano y querido, ni más ni menos. Está bien si para muchos es lo que los deja satisfechos pero, por favor, no me vengan con que eso es vida.
Es tan sólo subsistir en una jungla de cemento que nada tiene que ver con la realización y gratificación de estar vivos y respirando.

domingo, 27 de junio de 2010

Careta

Es decisión de uno, si seguir accionando en función del otro
o si empezar a ejecutar según la propia perspectiva,
por más incierta que sea.




Careta

Hay instancias de la vida en donde ciertas situaciones no se pueden definir con palabras del vocabulario convencional. En esos momentos, para dar con la sensación o el ánimo, suelo –en conjunto o solo- buscarle un nombre que dé con ella.

En este caso quiero explayarme sobre una que percibo con más asiduidad que de costumbre últimamente. El careta.
Ser un careta se refiere a las personas que eligen evitar directamente aquello que es preferible hablar y desactivar. Ocultan el verdadero motivo de incomodidad y tratan de salir airosos del momento sin importar si queda resuelto el escollo o no.


Caretearla, actuar como un careta, es no tener claro el rumbo y, por temor, no acceder a resolverlo con los que se comparte el instante mismo de resolución.
El careta se preserva y si no le tocan el rancho piensa que sale victorioso. Tiene su castillitos de arena montado y guay de que se lo soplen. Elige actuar con las cartas ocultas y, de ser posible, que nadie se percate de su modus operandi.

El careta le teme a la espontaneidad, a la charla franca y debeladora, prefiere ponerle un velo de misterio inexistente a lo que vive y, sobre todo, la sinceridad no habita su cuerpo porque eso haría que su jugada quede sobre la mesa, y ahí sabe que sale perdiendo.

El caretaje es aquello que ocurre en lugares donde la apariencia le gana a las personas y su forma de ser. Lo auténtico queda enterrado para darle paso a la superficial actitud del que cree que eso le permite salir sin heridas de lo que está viviendo. Nada más lejano. La vida termina cobrándose su parte a la larga con el careta porque no puede pasar desapercibida su forma de comportarse y hacerle frente a lo que se le presenta.


Dejar careta a alguien se refiere a otra cosa, a las instancias donde uno queda anonadado ante lo que está haciendo el otro. No lo tenía previsto, lo shockea, lo hace rescatarse y caer en que la persona que estaba acompañándolo en el viaje no es más que una pantomima ilusoria y no comparte códigos ni perspectivas existenciales del vivir.

El careta es el opuesto al abierto y pleno al encuentro, el careta se pone esa máscara imaginaria y trata que todo pase y quede inadvertido, porque sabe que está comportándose de un modo erróneo, u opuesto a la plenitud de la coexistencia con el par que está con él. Habita la duda eterna, y ni siquiera es capaz de confiar en su compañero de ruta porque teme que su plan –porque siempre tiene un plan preexistente- se caiga.


Se cae, sin dudas, pero porque su sustento no está avalado en el compartir sino en que no se note su proceder, porque así tendría oposición o argumentación contraria, y eso no está dispuesto a soportarlo.
El careta es, claramente, el opuesto al modo de proceder liviano y desinteresado. Está auto-observándose constantemente, y si algo toca la esfera que supera su micro-burbuja elige obviarlo.

El careta prefiere evitar todo aquello que se sale de su concepción de mundo. Está acotado a actuar como tiene preestablecido su esquema, piensa que eso sustenta su idea preconcebida y no da paso a lo imprevisible de la interacción natural, verdadera y enriquecedora.

El caretaje elijo distinguirlo y mantenerlo bien lejos, porque una vez que se entra no hay retorno. Es cíclico y hasta pasa desapercibido para aquel que se comporta así. Piensa que está en la claridad del que no tiene nada más por recibir del afuera, o que le hace daño todo lo que quieran aportarle. Esa coraza de caretaje termina convirtiéndolo en un insensible a los eventos inciertos y cruciales de activación que toda vida sobre rieles de realización requiere.


El careta prefiere ocuparse sólo de él y no darse cuenta –o hacerse el boludo olímpicamente- ante lo que le sucede al otro, porque esa situación lo supera o elige no darle cabida, quién sabe por qué juego engañoso de su cabecita, que no le deja ver la cosmicidad y energías generando sinergia necesarias para ampliar voluntades y promover un proyecto conjunto. Sea una charla tan sólo o un evento más significativo.

El careta es realmente la persona que contrasta en un todo con mi modo de vida. Así que por eso elijo transmitirlo y contarlo, para que se puedan sentir distinguidos y mantengan la mayor distancia posible. No aportan, y en los tiempos que corren, imprecisos y zigzagueantes, tan sólo son una piedra en el zapato. ¿Para qué tenerlos cerca?, si hay tanto por vencer y sortear, y los caretas apenas si distraen la atención. Hagan la suya, sí, pero por favor intenten no ocasionar mayores inconvenientes al que busca expandir sus horizontes sin hacer daño ni aparentar lo que no es.
Así, lo que es, aunque no esté del todo claro, definitivamente, aparecerá.



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