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lunes, 14 de mayo de 2012

Carta para un político social

Trabajar diariamente en conseguir algo para la causa propia de sentirse mejor con uno mismo es fundamental para que la rueda empiece a girar.
La clase baja busca un punto en común para comunicarse con lo más sano que puedan hacer y dar. Jóvenes que se encuentran duramente con la realidad invasiva y destructiva de la que están rodeados. Se alimenta el resentimiento si no se los conduce hacia la realización personal.
Y en estos casos de tan extrema necesidad de supervivencia el sólo darles un acto rutinario y que les devuelva el sentido a sus vidas ya sería un logro que veo difícil que no estén agradecidos luego.

Ante la convivencia de un gobierno nacional tan popular en sus medidas, y uno de la ciudad que es y será principalmente criticado por su lejanía de las voluntades del pueblo, esa masa que se sintetiza en la expresión “opinión pública”, habría que contrarrestarles con decisiones de cambio concreto en las vidas cotidianas de las clases no pudientes.

Emplear, capacitar, educar en forma práctica, brindando las herramientas necesarias para salir adelante, deberían ser las prioridades de todo emprendimiento político.
Dar, para obtener el reconocimiento deseado. Ninguna persona está en situación de rechazar una ayuda bien dada.

Otra que la guardia urbana. El batallón de capacitadores urbanos que saldrían a la calle a dar lucha con los problemas de la gente. Escuchar y buscar soluciones. El único modo de construir en forma sólida que conozco en el aspecto personal trasladado a los municipios, las comunas, los barrios, o como se los quiera llamar, que integran la ciudad. Con posibilidades por demás para satisfacer la demanda del ciudadano.


Acelerar las vías de contacto directo con la gente, y para eso la Internet es un terreno muy fértil y propicio. Desde luego que apunta más a clase media y alta este aspecto.
La web se convirtió a fuerza de logros en el espacio destinado a facilitar los aspectos burocráticos de cualquier trámite, o la denuncia o pedido concreto del ciudadano.

La comunidad nucleada en torno a sus necesidades, ofertas y potencialidades. La mejora conjunta que permite el intercambio de valores, servicios y voluntades, opinión bien canalizada y con patente muestra de compromiso con lo que hace falta.
Un blog por legislador que comunique lo que desee no estaría mal, donde alguien común y corriente pueda recurrir si se sabe informar y buscar lo que desea.
La corrupción está, pero es en forma indirecta que se la puede comenzar a desterrar. Haciendo cosas que mejoren la calidad de vida de cada estrato de la sociedad. Desde lo simple a lo complejo. ¿Quién preferirá a los sindicatos corrompidos si se les brinda una posibilidad de estabilidad familiar y beneficios? ¿Quién no se verá congraciado con un funcionamiento de hospitales y servicios públicos ágiles y que garanticen el buen trato?
De los hechos rara vez la gente se olvide.

viernes, 12 de agosto de 2011

En tiempos eleccionarios

Refloto algunos escritos de hace dos años que vienen como anillo al dedo para los períodos electivos de estos meses en la política argentina.

Creo que es desacertado o equivoco el dato de que la gente no se interesa por la política. Dejar de interesarte en forma insana y confrontativa es un paso evolutivo. Hay que escuchar vertientes y saber elegir, aportar, concertar.

Dime de qué hablas y te diré a dónde llegas


8 razones para votar, por quien sea


Garantizar la gobernabilidad, ¿una utopía nacional?


jueves, 14 de julio de 2011

Uh, ¿qué te pasa Buenos Aires?

No se trata de Fito sí o Fito no.
Ni de la falsa antinomia de si estás con Cristina o con Macri.
En esta Ciudad hace falta comprender que la convivencia no es algo que se formula y, como tal, ya existe y vivimos todos en democracia. Durante mucho tiempo, el pulso y latir de Buenos Aires determinó los ánimos de los multimedios -o viceversa- y eso alcanzaba para sacar a un presidente por los aires de la Casa Rosada.
Hay aires de cambios, y eso ya es mucho decir.
También frecuento y trato con gente que muestra su locura exacerbada por el demonio Macri. No hacen más que construir y alimentar una figura política. El enojo y la queja no sirven, no conducen.
Todos tienen que hacer una lectura de esta porción del electorado nacional, y no conformarse con la pronunciación de asco elitista, donde lo único que se logra es confrontar más y más.
El voto capitalino fue una manifestación de desagrado con las formas de un gobierno nacional también. Hay que poder leer eso, y sólo así iremos evolucionando Nación y Ciudad a la par.
En este audio comparto la reflexión con que más coincidí de lo que escuché por los medios. Un verdadero enjambre de polemistas entrenados para exprimir las noticias, pero con poco feeling para sentir el latido de los habitantes de la Ciudad.
Esa es la verdadera gente sin swing, Fito.


Opinión de Diego Scott en LadoB, Blue 100.7

lunes, 10 de enero de 2011

Inseguridad, desmadre con pedido de padre

Veo un rato tele y pareciera ser que el mundo es sólo violencia. No hay otra noticia, está todo desmadrado.
La seguridad requerida a otros, el pedido de que alguien te la brinde es parte del efecto que genera ver tanta violencia en los medios.
La seguridad es algo que se conquista, que se adquiere al consagrar un espacio de consumación personal.

Depositar la potestad de sentirse seguro en alguien que la administre no sólo es una equivocación sino que puede ser el causante de peores males. Porque nadie puede decidir sobre la seguridad de cada uno sin cometer el error de creerse superior y tomar en consecuencia una mala decisión.


Lo que hay que hacer es atacar los motivos que generan el desmadre violento, preguntarse por qué alguien sale a robar o cometer cualquier acto vandálico, y no cuidar o preocuparse por las posesiones propias.
Eso es equivocar el foco. No hay que atacar los efectos, sino pensar las causas que lo motivan.

Así, cada cual podrá arremeter en pos de su propia seguridad sin intermediarios.
El que vele por la seguridad de todos no existe, es pretenciosa y desmedida esa demanda. Y quien lo pide es porque siente que tiene algo que perder.


Quien comprende que seguro es quien consigue esa sensación en su vida diaria, sabrá perder cuando le toque y no por eso entrar en caos.
El afuera puede estar desmadrado, pero no es papá Seguridad que vendrá a socorrerlos.
Los cambios empiezan por casa, y buscando las razones que ocasionan los efectos es que podrá arreglarse algo de todo esto.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Pobreza e imposición, un coctel explosivo

Ante los hechos públicos de lo ocurrido en el intento de desalojo de Villa Soldati, se me ocurrió trazar un paralelismo con lo que pasó hace unas semanas en Formosa con la comunidad Toba. Sólo que ahora impacta más porque es acá nomás para la mayoría, está a la vuelta de la esquina, por más que pocos porteños deben conocer la zona Sur o la realidad de la gente que vive con escasos recursos.

Ambas situaciones son un intento de imponer la fuerza, la violencia, por sobre el diálogo y la búsqueda de soluciones que mejoren la calidad de vida de las personas.
Y de allí las consecuencias, porque el que siembra ira obtiene tempestades.

En primera instancia, para lograr dilucidar algo de todo este caldo de cultivo, hay que dejar de lado las afirmaciones confusas de quienes creen que es un problema de nacionalidades. Las fronteras son un invento de los deseosos de sangre y poder.
No pasa por ahí el inconveniente, y para que no se reproduzca, hay que dejar de lado, no responderle, hacerle el vacío, al que menciona a algún país limítrofe como causante de los males. Es un intento de simplificar aquello que tiene otros ribetes y que se está haciendo cada vez más tangible en el planeta todo.


El tema es la inclusión social que piden a grito los pobres, los que no tienen nada y son capaces de dejar todo por un poco de dignidad. Hay que aprender a escucharlos, no pensar que con borrarlos del mapa se resuelve algo.
Tampoco caer en el idealismo, porque pobreza hay y habrá siempre, sólo que desde las altas esferas gubernamentales hay que empezar a activar una política de reinserción, de contención, de integración, más que de palo y a la bolsa, que ya queda demostrado que es inconducente y dañino, y que encima no resuelve el problema.


Si cada cual sigue cuidando sólo su quintita, vamos por mal camino.
Entiendo que los que tienen poco, los vecinos de los alrededores del Parque Indoamericano -que increíble lo preciso del nombre ante los hechos que se sucedieron, ¿no?- pretendan cuidar con uñas y dientes lo que consiguieron y los mantiene, y desde ahí se produce un enfrentamiento entre pobres y no tan pobres, que suena ridículo.
Si las personas se interesaran más por dialogar antes que juzgar de forma facilonga, creo que habría poquísimos problemas que no se puedan resolver. Salvo la muerte, todo lo demás es relativo y solucionable.


Y los que tienen poder, se enredan en sus propias aspiraciones, que no los afecte en la imagen pública, o que los haga sumar puntos ante el electorado. La gente no es electorado, son personas con ganas de vivir cada día un poco mejor.
Operación de acá, operación de allá, puro oportunismo y maniqueísmo político. Nada que ver con lo que quiere la población.


Entonces ese vacío entre las capas altas y bajas de la sociedad hace que eclosione todo en una incomprensión fogoneada por los medios que en lugar de buscar informar, persiguen la zanahoria del sensacionalismo y las muertes, la sangre y la posición extrema, de cualquiera de los lados que componen una guerra. Guerra en el sentido de enfrentamiento entre dos bandos. Cuando esto no se trata de grupos opuestos, sino de personas que tienen necesidad de armonizar y sentirse un poco más consolidados en sus logros.


Para rescatar algo, todo esto ayuda a leer claramente en que etapa de evolución esta la sociedad argentina. La mayoría de los argentinos opina a boca de jarro, todavía somos un pueblo vulnerable porque compramos cualquier buzón. El que nos sirva para quedarnos tranquilos de que tenemos razón, cuando la razón va perdiendo fuerza y dando paso a la pluralidad de sentidos puestos al descubierto para ver qué resuena de tanto desbarajuste mal analizado.

Es imposible concluir algo ante los hechos como fueron presentados. Es todavía la pelea universal por el huevo o la gallina, quién empezó, qué generó esto, pero el punto es saber rescatar aspectos centrales de aprendizaje.
No se puede seguir reprimiendo para generar cambio, es inconducente.
No se puede gobernar teniendo otro gobierno que se opone a todo lo que se haga, tienen que aflojar con sus aires de personalismo y paternalismo barato y confluir en un espacio de diálogo.

La falta del mismo -del diálogo-, ya sea en los que manejan la cosa, como en las clases medias y bajas que quieren que no les toquen su kiosquito, fue el causante de todo este caos.
Y hay que empezar a construir políticas sociales que incluyan a los que se están cayendo del plato, porque sino después se vuelve en contra, incluso para los que eligen no ver a los pobres que piden clemencia y son los que más fácilmente sacarán sus uñas a relucir para obtener o no renunciar a la dignidad que todo ser humano necesita.
Fue una chispa lanzada a una cámara de gas. Inevitable explosión. Inacción política por un lado, inoperancia y exceso de involucramiento por el otro, y aquí estamos, todos hablando de un mismo tema que es imposible que no nos perturbe. Demasiada ira y bronca guardada para que no salga a la luz.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Matemos al ideal

Amanezco y me pongo a leer algunos títulos de diarios. Agradezco que existen tecnologías hoy día que eliminan la intermediación de la información con la gente. Quien se sumerja en el uso de esas redes –el resto seguirá cegado, por elección-, podrá recibir de primera fuente la comunicación directa de las personas o instituciones que le interese, y brindar la suya, del modo que mejor le salga y guste.

Reparo particularmente en una noticia que sigue dando vueltas hace varias semanas, y es la que busca darle una impronta de corrupción al actual Gobierno porque a un tal Jaimito se le ocurrió hacer chanchullos con países varios. Creo que ese tipo de información apunta a aquellas personas que se horrorizan ante el vuelo de una mosca a su alrededor, a los puritanos –bien valdría luego ver cuántos actúan así de puros en sus vidas- que le dicen que alguien robo y engloban a todos en la misma bolsa.
¿Qué pasaría si se descubre a alguien que comete un delito? Se lo echa y ya, pero eso no sirve para enchastrar un proceso, que bien o mal, con aciertos y errores, avanza y sacó al país de una realidad paupérrima. Cuando le toque a otro gobernar, hará lo propio.

Y este tema me dispara una cuestión más central que es la necesidad de muchos de que se respete su ideal de forma de hacer las cosas. El idealismo es una forma de vida que limita el accionar porque si no se hace de un modo, está mal. Es una visión categórica que impulsa la inacción, que se queda en el sueño de que todo sea color de rosa, y acusa a los que se arremangan y se meten en la realidad para cambiarla -aunque sea de a poco, en la medida de lo posible- porque no se produce como ellos quisieran.
Me pregunto cuántos de esos idealistas no habrán sido los causantes de los peores momentos de la historia argentina.
El idealismo promueve un estilo de vida donde uno, el idealista, practica la asepsia, es un ser inmaculado, una carmelita descalza, y tiene derecho a criticar y tirar por la borda toda idea que intenta hacer pie en el avance en la dirección deseada, impidiéndose de entender que eso no se da de un día para el otro, que todo crecimiento implica un ir y venir constante, una corrección incluso de los errores cometidos. Pero el ideal no se permite ver eso.
Incluso, los idealistas pocas veces concretan sus deseos, porque saben –quizás inconscientemente- que si se pusieran a llevarlo a cabo, no tendrían manera de sostener ese ideal, esa proyección de perfección que tan a resguardo los hace sentir.

Promovamos las ideas, e intentemos dejar de lado el idealismo, que muestras sobradas hay del daño que causa, y dejemos de abrazarnos a la ideología como si ese fuera el salvavidas de ocasión para acusar al otro de haberse volcado más a la izquierda o a la derecha, conceptos tan inútiles como el ideal de que nadie se corrompa.
Seamos más libres de movernos en todo el frente de ataque, de izquierda a derecha, y dejemos de agarrarnos de la solapa de mamá Estado y papá partido político. Obnubilarse con la idea de que un partido llevará a cabo todos nuestros deseos es tan infantil como creer que eliminando a los que están en contra nuestro prevalecerá nuestro ideal de mundo. La historia está signada por estos casos…

El que hace siempre se las tendrá que ver con personas que desde la comodidad de su pasividad consagrada saltarán como leche hervida ante cualquier formulación de cambio que se haga. ¿Cuántos de esos idealistas pueden hablar desde el logro conseguido en sus propias vidas? Porque no se le puede exigir al país algo que en lo personal no recorrimos, no superamos. De ahí que sea más fácil manipular y conducir a las masas de personas que no recibieron una educación, porque se los conforma con poco, con dádivas, el regalito de navidad de mamá y papá que tanto los quiere, e incluso se les miente haciéndoles creer que se los trajo papá Noel. O Santa –como muchos lo llaman-, nunca más acorde el nombre, porque el idealista se cree un Santo, alguien que está más allá de la posibilidad de crítica, y se para en su altar para señalar con el dedo a los que se portan mal. Demasiada cristiandad mal encarada.


La religión puede asumirse como un camino espiritual, o desviarse en el adoctrinamiento de mentes mal predispuestas para encarar la vida con el coraje y el deseo de superación que se requiere. Serán los culposos, los idealistas que se creen pertenecientes a La Religión que debería predominar y que las otras son molestias en el trayecto. Por favor, dejen que conviva el crisol de oportunidades que se abren cuando nos salimos del ideal de mundo y damos paso a las ideas bien habidas, que con sus idas y vueltas, nos sacarán del fango en el que nos metieron los pudorosos, intachables y perfectos buenos para nada que promueven el idealismo.

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