miércoles, 9 de junio de 2010

Ser tal, ¿para cuál?, o fantasmas del postergador

Estando mal uno tiende a creer que otros hacen las cosas en el pleno convencimiento de que es así como debían hacerse, como que el plan les sale tal cual lo pensaron, cuando en realidad se trata de tener la soltura y la intuición para emprender y saber corregir sobre la marcha, moldear la estructura a medida que se suceden los hechos.

El quedado, el poco hacedor, tiende a poner en un pedestal al que se anima a jugársela por su convicción, pero el consumador sabe que no es tal cosa, que llevar a cabo implica una perseverancia y dedicación descomunal, y que rara vez sale bien, o como querría, de una, en el instante.

El emprendedor conoce por haberse animado, por haber enfrentado los fantasmas y divisado concreción.
El soñador teje hipótesis y se entrega a la idea que pueda tener de lo que rara vez osa plasmar, por lo que su teoría tiene más repercusión que la práctica misma, dado que ésta nunca llega ni se da la oportunidad.

El ideal es lo que persigue el atorado, el volador virtual, a falta de pruebas y errores que hagan darle rumbo a lo acometido.
El postergador es amigo de la incerteza, el realizador, de la incertidumbre. Que produce todo salto al vacío, para ver qué pasa.
El error, el miedo a equivocarse, es el obstáculo principal del no ejecutor. Prefiere quedarse con la duda que ver a la cara al error mismo, que con cierto entrenamiento deja de ser tal para integrar una parte del proceso de consolidación de la idea.

domingo, 6 de junio de 2010

Preconcebido, se ve...

La unión hace la fuerza, cualquiera sea el motivo que convoque a un grupo de personas a unirse, buscar un factor de consolidación de alianza

 

Miércoles 12 de mayo, frente a la Catedral de B.A., 17.50 hs.

Veo la jefatura de Gobierno, también el Obelisco. Un auto de lujo espera a que salga quién sabe quién. ¿Macri? A las 6 en punto se retira se ve.

Mucha calle semicortada. Se viene el festejo del Bicentenario. La Pirámide de Mayo está forrada de azul, en refacción se ve.
Es el momento del día que más me agrada. Empieza a hacerse de noche pero no lo es. Las luces de las oficinas se comienzan a encender, la gente sale con cara de preocupación de sus trabajos y va con premura a tomarse lo necesario para volver a sus hogares.

Cae la noche. Yo anduve en bici en búsqueda de entradas para ver Potestad de Pavlovsky, por las carteleras céntricas y nada. Ya la iré a ver.

Y pienso en los que habitan esta urbe. Detrás del Obelisco, de fondo de la Diagonal, el cielo luce un intercalado de celestes y rosas.
Quiero adquirir mi cámara para sacar imágenes de lo que quiera.
Todo va avanzando a su tiempo, y puedo elegir esperar o desesperar. Lo veo al ritmo alentesido del que contempla una urgencia que no le pertenece, y participa sin miramientos de esta ecuación.
Decidí bajar el ritmo vertiginoso y dedicarme a ver. Se hace de noche, pero aún es de día. La gente sale despavorida de donde está. Se ve que en que no esperan que el semáforo los habilite a cruzar y se sumergen de cabeza en el subte o en los colectivos que van pasando.

¿Cuántos se paran a ver si lo que realizan cada día es un acto repetitivo o producto de su deseo?
Veo de fondo el Obelisco y el cielo entre celeste y rosa que se va apagando. Un chico habla por celular y sonríe y otro va caracúlico con destino incierto.

¿Cómo harán para que la llama de la Catedral se mantenga siempre encendida?
El auto que espera en la puerta de jefatura de Gobierno está hace media hora y sigue esperando. ¿Al jefe? ¿No conviene que hasta que lo vaya a buscar espere en otro lado? ¿Me importa?

La vida de los ricos y poderosos debe ser super cronometrada.
Ayer hablé mucho con un amigo vuelto de vivir 4 meses en Brasil de la producción económica y me pregunto si actuaría como la convencionalidad si lograra tener un flujo considerable de dinero.
¿Hago lo necesario para conseguirlo? ¿Se dará con tan sólo proponérselo?

El Cabildo es bello por fuera.
“Salvum fac populum tum” reza un lado de la Catedral Metropolitana. Mi abuelo decía que significaba que salvo Dios, el pueblo es un tonto. Formas de verlo. De entenderlo.

Cuánta foto saca la gente de los monumentos históricos. Y acá estoy rodeado de ellos, por los 4 costados. A dos cuadras está el colegio que habité por 5 años de mi vida. De los 12 a los 17. Una edad dura, donde todo adolecía, de dolencia y adolescencia. ¿O me vino más tarde a mi?

Vino, eso tomo, con Coca-cola, en una botella de agua mineral. Debo retomar una actividad física que me ponga más en movimiento corporal y me haga bajar la panza. La activación promueve más realización.

Cada cual con su mambo.
En la puerta de la Catedral alguien pide limosna. Otro corre agitado por llegar, vaya a saber a dónde. Y una mujer con su hija miran con cara de excesiva intriga lo que están construyendo en la avenida.

Y ahora me meo y pienso en ir a visitar el Colegio para usar el baño y verlo activo de niños, o jóvenes.
Todo decanta, se produce y activa según la propia necesidad y voluntad de dar y recibir.
Adivinarlo, sentirlo, en cuerpo y alma, es mi indagación incesante.




Hay que dedicarle tiempo y energías a ser político en este país de insatisfechos incesantes y producción de pobreza. Si algún altruista llega a tomar las riendas, no tienen más que avisarlo correctamente, comunicarlo a su equipo de seguidores y, como decía la publicidad de Tofy: "todo puede ser mejor, si sabemos dar, lo que llevamos dentro, vamos a cambiar el mundo"


jueves, 3 de junio de 2010

¿Quién da más?

Vivir situaciones de amor.
La violencia, o el simple deseo de poder,
no lleva más que a distancia y manipulación.
Si cada instancia logra disfrutarse
como un acto amoroso poético, y simbólico,
nada puede más que abrirse y exhibirse,
mostrar lo que se tiene, en lugar de ocultar,
cerrarse a lo nuevo, y no dar más.
Que para dar hay que recibir,
y no pretender más de lo deseado.
Lo que está será pasado,
y cada vez que esté presente,
que sea ese, el que palpita,
en el ritmo del día a día.
Ya sabrá.
La paz de no saber qué se piensa,
el deseo de no tener todo claro.
Sino vivir en ese caos,
que arremete mi conciencia
y supera la razón.

No está claro, no lo sé
y disfruto ese estado.
Me deleito en tu pasado
y no voy más allá del hoy.
Si proyecto me detengo, en ideas de posesión.
Y si vuelvo a ver que la posibilidad se acerca
me derrito en la ilusión.
Del aquí y ahora, hola, ¿sola?
¿Por quién darías más?

miércoles, 2 de junio de 2010

Abre

Desde que la vi me pareció una de las tapas de disco más logradas que conozco.
Un recorte de la cara, y un simple entre paréntesis para dar vuelo a la imaginación.
Un tercer ojo que busca abrirse, la pureza de una cara limpia y un símbolo () que permite pensar en aperturas varias.

Un sexo femenino que se abre, una conciencia más amplia en el minimalismo absoluto de dos líneas verdes tiradas para introducir un disco extraño, intimista. Abre Páez, una joya más del arte de Fito, un personaje por demás homenajeado en estos días bicentenarios.

lunes, 31 de mayo de 2010

De roles y discriminación liberada

El que discrimina está, en primera instancia, mostrando un enojo con su modo de vida. Discriminar implica y requiere un egoísmo calificado, sacado de las entrañas.
Multiplicar dramáticamente está en las antípodas del juzgar, condicionar, acotar.
Cumplir roles asignados nos abre el juego y el panorama de los personajes que tenemos más guardados -¿otra forma de discriminar?- y que salen a flote a fuerza de ofrecernos como yo auxiliares posibles para desatar el maremoto grupal.

Las escenas, cuanto más amplias y libradas a los intersticios de percepción personales, más jugosas se vuelven.
Las resonancias, cuanto menos pensadas y más libradas a lo que salga, mayor será su efecto. ¿Más? ¿Menos? ¿De qué efecto hablamos al describir lo que creemos pasó al jugar?

Efecto cascada. Una cosa lleva a la otra, y me pregunto si me pongo en pretencioso al querer que todos se ofrezcan sin delimitar la existencia de un coordinador fijo. Sólo por expresión de deseo, de liberar los hilos que conducen el desarrollo grupal.
El que pide no es siempre al que le falta, muchas veces es quien no ofrece reparos para dar.

La música es intercambio, y el que no está abierto no lo podrá recibir. ¿Cuánto hay de relajar y sentir el cuerpo? ¿Y cuánto de quererlo compartir?
Lo individual y lo común se tocan, la unidad es la máquina viva que se permite hilvanar.
Al darse desde lo no discriminatorio se está dispuesto a brindar.
La ira se expresa en bronca, la bronca en agresión, que no es más que otra sensación que pasa y permite amoldarse a un nuevo rol.

viernes, 28 de mayo de 2010

Malestar pronunciado

Intentar estar siempre dispuesto a hacer lo que sea necesario es de un cansancio agotador. Hay días que tengo ganas, y otros, como hoy, que estoy cruzado, desganado, con más voluntad para que pasen las horas sin ningún sentido y curso que para emprender y aventurarme en las cosas que realizo.

La neurosis se hace manifiesta principalmente cuando nos vemos obligados y forzados a hacer algo que no nos da ganas pero aún así lo hacemos. Es un desencadenante de los principales infortunios de nuestra vida. Tenemos que tener espacio para hacer de nuestra vida lo que verdaderamente queramos, según el día.

¿Cómo puedo trabajar y ser útil y funcional a lo que hago si me siento desganado y falto de motivación? En esos casos ¿no sería mejor que nos den –o demos- vía libre a proyectarnos en nuestros propios deseos y voluntades?

Quiero tirarme a dormir y despertar mañana. Si así fuera, ¿qué tiene de malo? ¿Hay que responder a alguien que nos obliga a hacer lo contrario?

En esta sensación también suelo sentir que lo que hago, incluso lo que estoy escribiendo ahora mismo, es una verdadera cagada. Y sé que no es así, pero no puedo amoldar mi pensamiento según la conveniencia. Aceptar que hay días de mierda es parte del crecimiento. No romperse la cabeza por que eso cambie, sino dejar que decante, entender la pronunciación del cuerpo y la mente para darle paso a ese personaje interno que nos hace creer que todo esta patas para arriba.


Luego, si dejamos que se adentre y se exprese ese malestar, a las horas, o quizás al día siguiente, habrá depurado, y nos podremos sentir mejor o no, pero ya no como se estaba. El tema es cuando se traba eso, o se tapa, entonces se convierte como en un atascamiento que no hace más que engrandecer la bola sin manija que nos lleva a sentirnos peor. Pura neurosis, manifestación de desagrado por no poder hacer lo que realmente queremos.

Quiero dejar que este día pase. Y pienso hacerlo. Porque mi única obligación es conmigo mismo. Con mi conciencia, con mis estados, y es allí donde me siento falto de ganas hoy. Y es hoy, no significa que sea así mañana. Ni ayer. Hoy estoy mal. El desagrado será por lo que venga a hacerse presente. Y si creo que no es así, no dejaré que se pronuncie lo que tiene que. ¿Qué? Que me dejen de romper las bolas los que piensan que estar bien es lo que prima.

A mi hoy no me da ganas ni puedo sentirme bien. Y no soy más o menos por eso. Pura materialidad y necesidad productiva de una manga de boludos que piensa que así rendiremos todos más y habrá más productos materializados. No vivo de los productos, apenas si compro lo necesario, y brindo servicios que si estoy mal no sirve hacerlo. Así que, en concordancia con la grisura del cielo hoy, me voy a dedicar a hacer pasar el tiempo, dejar que se pronuncie mi desagrado, y a tratar, apenas eso, de no hacerme daño, que es lo que se suele hacer cuando no se puede dar uno espacio para que lo malo o incómodo se haga manifiesto.

Y si no te gusta lo que digo, a vos –a mi- te lo digo, andate a cagar. Porque no me importa lo que pienses, apenas si puedo moverme de acuerdo a lo que me vibra hoy. Y hoy es hoy. Mañana quién carajo sabe.
No me molestes más y recién ahí veré qué me da ganas. No si me obligás a hacerlo. Esa presión al pedo me la paso por el culo. Y los días como hoy, donde uno se siente mal, suelen ser sentidos como con el culo sucio. Así que mejor me dejo de hinchar y me voy a hacer lo que mi cuerpo me indique. A cagar.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Que lo llevan adentro

Entender a los fanáticos de fútbol, esa especie que por estos días se multiplicará por el exitismo y exceso de protagonismo que genera ser un patrioterista –mezcla de patriota y populista-, es algo que amerita una revisión.
Están los que disfrutan de ver ese deporte, sobre todo cuando se trata de un encuentro entre estrellas como es un Mundial, y se puede sorprender el espectador ante obras de arte con una pelota en los pies.
Como suele ocurrir en este país, están los extremistas de un lado, y los que se expresan del otro, completamente en contra de la aberración de estar estupidizado por un mes delante de la pantalla viendo patear una pelota a los sudafricanos con los mexicanos, por ejemplo. Pero hay una tercera vía, que somos los civilizados y aún así amantes del fútbol, que esperamos y queremos que esta camada de jugadores argentinos dejen plasmada su categoría en una consagración histórica.

Existe una canción de cancha que explica el sentimiento de quien lo vive como un evento relevante: “porque los jugadores, me van a demostrar, que salen a ganar, quieren salir campeón, que lo llevan adentro, como lo llevo yo”.
En mi caso me aflora más con el equipo local, la pasión se traslada a un color y no tanto a un país que debería sentirse impulsado por otros logros, desde luego.


Pero también, al recorrer en alguno de estos días la 9 de Julio, o ver Corrientes llena de gente a la madrugada, se percibía cierta necesidad de festejo, de tener un motivo para celebrar, sea por el bicentenario de la creación de la patria -o de Argentina como concepto- como por un lucimiento de Verón para asistir a Messi, el abroquelamiento de Mascherano, el jefe, o una pirueta de Carlitos o el Kun. Que Maradona, justamente, esté en la dirección técnica es casi utópico y de película.


Sentirse argentino puede expresarse de variadas maneras, y por estos días pareciera que hay un muestrario de seres que despiertan a la idea de que es un orgullo y hasta una pasión ser argentino.
Empezando por que el ser argentino es principalmente una eventualidad geográfica, la sociedad argentina y sus aconteceres históricos no creo que sean dignos de enorgullecimiento, en su gran mayoría, y merece más un repaso y recapitulación de lo acontecido -con un aconsejable mea culpa- que ese patrioterismo barato del que reclama y se embandera en pedir que las Malvinas vuelvan a ser argentinas –¿alguien cree que una guerra sería beneficiosa para algo aún?- o el que cree que rezongando contra el político de turno es más comprometido con la causa social.

Habría que aprender a diferenciar más los tantos. Una cosa es el fútbol, otra el fanático, otra el patriotismo, y otra el desarrollo de un país y sus habitantes.


En estos días quedó claro que el pueblo argentino se movilizó por las calles en paz, aceptando el disenso, las diferencias, y eso es un dato más que rescatable y positivo. Lo que elija en las urnas quizás tampoco sea lo más relevante, sino cómo se comporta en el día a día.

El que caminó las calles del Buenos Aires bicentenario sabe que la seguridad se percibía sin necesidad de policía y sin desmanes. Los manes, la muchachada, se portó esta vez.
Esperemos que los muchachos, esos 23 gladiadores por un mes, sigan trayendo alegría.

viernes, 21 de mayo de 2010

Contrastes, un estado en la mente

Vuelto de comer con un amigo. Me planteo que si uno funciona por contraposición, poco tiene sentido en la propia vida. Si alguien nos cuenta que está desorientado por determinada razón, y uno opera sintiéndose tranquilo porque entonces no está tan mal, es inconducente, sin sentido, y nos llevará al ocaso.

Contraponer el estado personal al de quien nos relata cómo se siente es de poca monta, y hace que no se pueda escuchar bien qué lo aqueja al otro. ¿Por qué habríamos de compartir pareceres o sensaciones? El intento de equilibrar la balanza ante quien nos antepone su malestar no es digno ni hace que nos elevemos más que lo que la tarima de ocasión nos permite.

Sino, ante una buena noticia, ¿acaso tendríamos que sentirnos tristes por no estar a esa altura? Muchos operan con ese mecanismo reactivo. Puras falacias, mezcladas con la alucinación de simbiosis impropia e intempestiva. Es aconsejable permitirse que la sensación personal vaya en otra senda distinta a la de las personas que ocasionalmente nos rodean o cuentas sus temas.

Un tema es el otro, otro es uno.
Que buscamos aliarnos y contarles qué nos tiene mal –o bien- a alguien que sentimos en sintonía es lógico y conductivo, pero eso no se emparenta con tener que sentir lo mismo o, en caso de espejos refractarios categóricos, lo opuesto a quien elegimos como interlocutor.

Ocurre que para vivir feliz, o intentarlo, ante tanta gente que transmite su pesar, su lenta agonía en este ámbito en el que nos desenvolvemos, hay que armarse de una coraza, y aún así es imposible sentirse pleno. ¿O podés decir que la vida te sonríe ante alguien que te llena de su propia pesadumbres?

Eso no implica igual la necesidad de vernos afectados por esos dichos a grado tal que nos identificamos y accionamos acorde a su sentir. ¡Es suyo! ¡No nos pertenece!
Y vale aceptar que el otro tampoco está buscando que nos pertenezca, que lo hagamos carne como si estuviéramos igual de tristes que el personaje en cuestión.

¿Quién nos contó el cuento de que el otro se siente más acompañado si le mostramos esa cara? ¿Acaso el pinchado busca alguien igual para escoltar su desdicha? En estos vertiginosos tiempos donde el hipersensible peca de inestable y, en momentos de resguardo, de desensibilizado, y el que no se cuestiona nada pareciera fuerte y decidido, sentarse a reflexionar estas cuestiones, de identificación, parentesco, e incluso límites individuales y grupales, es crucial para no bajarse del barco cuando no está en peligro de hundirse, o para aprender a saltar a la balsa cuando la venida a pique es determinante y se avisora inminente.

En cualquier caso, el salvavidas siempre es de uno, si alguien te agarra o te aferrás a él, te convertís –o se convierte- en ancla, yunque, lastre, y sacarte(lo) de encima es lo más aconsejable. Para no morir en el intento. La compañía excesiva puede convertirse en soga al cuello.

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