Habla Luciana Aymar en la radio. Sobre el colgarse del éxito ajeno, propio del que no tiene con qué.
Salido de Marcos. En el Botánico.
Viendo lo que intentará florecer.
Se acerca la primavera. Un móvil hacia el amor y las distancias y acercamientos que estoy teniendo por estos días.
Familia, amigos, amores, oportunidades de informarse –dice un barrendero acá-, de abastecerse, de nutrirse de lo que nos rodea y permite vislumbrar, divisar, enfocar.
¿Reparamos más en la crítica y la queja o dejamos que domine la acción, el hacer, el conquistar?
Acelero, freno. El tire y afloje indispensable de la soga personal que es el desarrollo de la vida propia, el crecimiento nuestro y de lo que nos rodea.
“No olvides que el perdón es lo divino,
Y errar a veces suele ser humano”
Tomar las riendas y animarse, o elegir la pasividad también, esperar a ver qué vuelve del universo que una vez creamos y ahora nos tiramos a contemplar. Ver que vuelve, que le dicen.
Aventurarse es aceptar ese ir y venir continuo, y no quedarse con lo que ya conocemos. ¿Y si doy un pasito más? ¿Y si me asomo o meto la intervención a ver qué pasa?
Me gusta ver cómo hace su tarea la gente. Reparo también en que no se dicen cosas lindas mientras barren el pasto y juntan hojas 4 hombres. No debe ser linda actividad. Siempre depende de cómo te lo tomes.
El interés o no en algo o alguien. Lo que te moviliza a querer seguir sabiendo, conocer más.
No va maaasss. Todo tiene su precio me resonó de ayer, el que dedica su esfuerzo y esmero es el que obtiene más frutos al final de la cosecha.
Comunidad. Palabra resonante constante de la semana. La unión con lo común, el objetivo superior, la comunión con lo que nos converge en interés.
Apuntalado. Animado. Osado.
¿Qué? ¿No son de tu agrado? Y… “sana” envidia por el que genera siempre hay.
¿Te lo guardás para que te critiquen menos? Claro. El que se queda quietito y no molesta casi por bueno no va a ser molestado.
¿Y si te gusta la molestia? ¿Si te amigás con la aparición del obstáculo que será desgranado, sorteado, desintegrado con sólo buscarle la vuelta?
Si total, es un ida y vuelta. El que muere en vida queda ya lejos, difuso, y se asoman perspectivas de fortalecimiento si hacés lo que TENÉS = QUERÉS = SENTÍS = DEBÉS hacer.
Después te fijás. Sacale el dramatismo, Ponéselo a tus energías y en un tiempo hablamos. Porque no se corta, es un flujo continuo ¿Insaciable?
El entusiasmo es un modo de tomarse el mundo. Ser entusiasta es darle la bienvenida a lo que se asoma sin creerlo amenazante ni condicionante, sino como una oportunidad de realización y consumación de lo que deseamos.
En la educación tradicional nos acostumbran a desarrollar el pensamiento crítico, pero lo que esa pata de enseñanza se pierde es la capacidad de vislumbrar, de evolucionar creativamente, de salir del aprieto en el que nos sintamos con una idea que nos saque de esa desazón o exceso de preocupación.
Ser entusiasta es un entrenamiento, y en mi caso quien más me ayudó a comprenderlo de ese modo y abandonar la falsa inteligencia de tener que criticar para sentirme seguro, con la que salí de la escuela secundaria -tan formal y estricta, seguramente muy formadora, no lo niego, pero no completa para encarar la vida misma-, fue el filósofo Alejandro Rozitchner.
Es con él que trabajo desde el 2002, cuando lo escuché por la mañana en el programa de radio de Mario Pergolini, y tomé valor para escribirle un mail que creí nunca respondería. Me equivoqué. No sólo respondió sino que, tras un ida y vuelta, a los 15 días estábamos sentados en un bar de Belgrano charlando y entusiasmándolo con que hiciéramos su sitio web dada la cantidad de cosas que me contaba que hacía (recuerdo que me llamó la atención que me dijera que hizo guiones de humor para Gasalla, en su momento). Lo llevamos adelante, y desde allí nos aventuramos en un camino de trabajo conjunto que aún continúa.
Y a esta altura vale hacer una aclaración, que al mencionar a Alejandro suelo verme obligado a formular con quien hablo (quizás me tenga que rodear de gente menos prejuiciosa :-P).
Las personas entusiastas suelen tener muchas vetas, infinidad de facetas variadas que desenvuelven y llevan adelante en sus vidas, básicamente porque pueden más, la vida la ven como una paleta de colores, no como un mono-tono, opaco y desgastante. Catalogar y encasillar a alguien por un rubro con el que se pueda no estar de acuerdo -en este caso los que se pronuncian anti-pro o anti-derecha, si es que eso existe...- no quita que es un ser que tiene mucho por transmitir en este aspecto. Basta con animarse a escucharlo hablar sobre Creatividad, Entusiasmo, incluso sobre autores como Nietzsche, tan chocante e irritante por momentos, o enunciando sus Premisas para gente que quiere vivir.
Alejandro es un provocador, es un ser que siempre te incita a sacar más de vos, y que al tenerlo tan asimilado en su vida no da espacio ya al que se plante con críticas estériles u observaciones dañinas. Aparte, conocerlo en su intimidad me hace poder afirmar que su amorosidad, dedicación y entrega son sin parangon, y bien les vendría a quienes lo critican ser seres tan luminosos y dispuestos a ayudar como él lo hace.
Ahora, los que se animen a escucharlo, sabrán que sabe ser de extrema colaboración para los que quieran hacer despegar sus proyectos, salir adelante producto de la perseverancia y, sobre todo, del espíritu entusiasta que todo plan necesita para llegar a buen puerto.
Este mes arrancamos con la novedad que sus charlas pueden ser seguidas a distancia por cualquier persona que cuente con una computadora estándar y parlantes para escucharlo.
Es invertir y confiar a pleno en un gran cambio de paradigma en la sociedad, que implica aceptar las diferencias, saber quedarse con lo que es beneficioso y útil para uno, también animarse a usar la tecnología como un medio y no como un fin en sí mismo, y sortear toda distancia que pueda haber con el interlocutor de turno.
Realmente, es muy recomendable meterse en el mundo del Entusiasmo como concepción de vida, y los invito a quienes lean esto a participar de la charla que se desarrollará mañana martes a las 20 horas, en la que podrán preguntar por vía escrita lo que deseen. Tan sólo escríbanme a talleres@bienvenidosami.com.ar y los conduciré en los pasos a seguir.
Y aquí les dejo unos apuntes míos filmados de alguna charla sobre Entusiasmo que le escuché hace unos años:
Los esperamos, y quienes se embarquen en seguir sus charlas online y difundirlas, en la segunda participación pueden gozar de un 2 x 1 para invitar a alguien que quieran compartirle esta modalidad de aprendizaje.
La mentira es una pérdida, de identidad, de creencias, es sentirse doblegado por el accionar y la presión social a grado tal que nos obliga a faltar a la Verdad. Que nunca es una, sino subjetiva, y de ahí que sólo uno sabe considerar si mintió o no.
¿Miento si creo que sólo uno percibe como mentira lo que afecta e introduce el síntoma en la acción?
Mentir es no comprender la consigna, es perder de vista el universo que se abre y creerse lo suficientemente débil como para no poder enfrentar la realidad.
La idea de pérdida ronda en el siniestro concepto del que se sintió sin rumbo en el devenir grupal, social y cultural, y tomó las armas de la falta a la verdad para sentirse a resguardo de su impedimento interior.
Al mentir se da por perdido el paradero del diálogo llevado con soltura, autenticidad, espontaneidad, y se desemboca en el chanchullo del enredo superior de estar haciendo equilibrio en la incierta cornisa del que miente y encima teme ser descubierto.
Desgaste de energías sin parangón.
Se dice que tiene patas cortas, y se me viene la imagen de un hombre que se quedó en su proceso de crecimiento, que quedó empequeñecido, diminuto, por el corte sin sentido y no se permitió ver qué tenía el otro lado de la luna.
Porque la Verdad es una, o al menos aúna, y está servida en bandeja para cuando la queramos ver y expresar.
El estrés es una psicosomatización de estos tiempos posmodernos, que se expresa en saturación mental con sus consecuentes malas decisiones y procederes. Sentirse estresado es saberse colmado, del ritmo y la vorágine que intenta carcomernos diariamente o, sin persecución posible, apenas si se hace eco de nuestro accionar y nos deja librados a la suerte del que nos encontremos, regalados, entregados a la ejecución ajena.
Dejar pasar al estrés, que se apodere de nosotros, es darle paso a las acciones dañinas, permitir que se asiente en nuestros cerebros y que se vea representado en el cuerpo con forma de dejadez, y en la cabeza como acelere incesante que no nos permite percatarnos del camino que nos llevaría a la liberación del problema para que se desenrede por sus propios medios.
El estrés es una patología, es tensión consumada en clave de hartazgo, que no nos deja concentrarnos en lo que deberíamos, para dejar que lo que nos produce el malestar se reproduzca incesantemente y nos haga dar vueltas sobre el mismo esquema de saciedad, tan sólo para propagar ese dispare interior que no nos deja estar tranquilos, que nos fuerza a sentir cada hecho con un tremendismo estremecedor, y que no habrá forma de salirse de lo que no queremos vivir más.
El estresado está regalado a lo que aparezca, no se permite ver que su decisión es la que prevalece y lo guía en lo venidero. El estrés hace que pensemos que no hay resolución a lo que nos aqueja, sino que el mal-estar, el mal accionar, hará que todo se apodere de lo que acontece. El estrés no brinda perspectiva, el estrés quita visión.
Preservarse del estrés implica no involucrarse con los hechos a grado tal que nos hagan creer que somos parte, sino que hay que tomar la distancia oportuna para saber tomar decisiones sin que la situación nos domine y nos deje determinar por dónde seguir sin que el hecho desencadenante sea obturante, sino tomado apenas como un mensaje que nos hace virar el timón y agarrar para el otro lado.
Sin estrés, será asimilable, y podremos saber por dónde va el desenredo de la madeja del error.
Vos no crees en mi y lo que puedo dar. ¿Por qué entonces tendría que creer yo? Porque soy más complaciente y pudiente, es un ensayo de respuesta, pero no se condice con lo que siento. ¿Vos te pensás que podés hacer lo que quieras y yo lo voy a asimilar poniendo la mejilla?
Tomo lo concreto, lo que veo y me resuena. Vos no te das por enterada hasta que no te tocan el culo, porque sólo te incumbe lo que afecta a tu persona y microvida. Te mandás tus mocos, y si no te tocan no te das por enterada del dolor ajeno.
Comprate una vida, me repito, te repito, y me hago eco de lo que me diste a entender. No creo ser merecedor de esa condición, soy un ser que expresa lo que puede y le da el fuste, y vos superaste mis posibilidades. Hago lo que me apetece, pero al conocerte te adivino la jugada con medio año de anticipación…
Suficiente. El colmo llega a rebalsar el vaso cuando ya estamos fuera de las expectativas y aún así das en el blanco de lo que me hiere y ¿se supone que no debo darme por enterado? No soy de otro material más que de carne y hueso, lo que digo trata de condecirse con lo que hago, y eso alcanza para saber que cuando le bajan el pulgar a uno, hay que ser consecuente y actuar en espejo. Lo sienta así o no, no hay que regalar a los que no saben recibir dicho presente.
Pocas personas llegaron a conocerme tanto. ¿Acaso tu percepción falla a grado tal de no darse cuenta de cuales son mis posibilidades, limitaciones y condiciones sin equa non?
Lástima, te lo perdiste, me lo perdí yo también, pero sé hasta dónde dar y cuándo dedicarme a ver qué vuelve. No sos consecuente con tus dichos, ni con tus palabras fáciles y pueriles. Entusiasmás, generás bataola, para después lavarte las manos y creerte impune. No es de ahora, cada cual reitera y se repite en sus karmas hasta que logra comprenderlos e intenta trascenderlo, superar su instancia terrenal.
Vos parece ser que ni te planteás esas cuestiones. Como si la vida se regalase a tu único entendimiento, y tejés fantasías como creer fuerte y admirable a quien no lo es, todo para que se condiga con tus intenciones.
Eso no es ser, tampoco es ser persona, eso es adecuarse convenientemente a lo que se ofrece. Supero la instancia de quien no piensa en el otro más que lo que le es preferible. Esos sujetos no merecen ni siquiera mi atención.
Siento que la vida de cada persona es de acuerdo a lo que se anima a ver, a plantearse, a dilucidar y dar paso, y cada vez más se me viene un "pensamiento incorrecto" para compartir. Se trata de que el que no quiere, o no puede, es a quien le va mal o siente como padecimiento la vida.
La vida es posibilidad, opción, elección, es un sinfín de oportunidades y cada cual decide cuánto está dispuesto a divisar y encarar.
Con buenos ojos, el día no alcanza para distinguir todo lo que se hace presente para encontrarle el ribete, la situación que nos haga salir del letargo y aprovechar lo que se nos muestra para ser consecuentes con nuestro deseo.
Estar despierto, que le dicen.
Muchos eligen andar adormecidos, abombados, o distraídos con banalidades o peleas circunstanciales. Parece ser una vida más complicada pero es verdaderamente más complaciente saberse con posibilidad de discusión o con qué hacerse la cabeza todo el día.
Al elegir ocuparse de las verdaderas señales y perspectivas del vivir, hay que desarrollar habilidades y circunstancias que nos permitan avanzar, y eso en forma sostenida es de una dificultad y complejidad tal que muy pocos están dispuestos a hacerle frente.
La queja, el rezongo, el enfrentamiento, siempre son recursos más a mano que darle curso a lo que verdaderamente deberíamos. Aparte, creerse afuera y observador del proceso natural de crecimiento es otro artilugio muy disponible para aquellos que prefieren sentarse a discutir y criticar al que hace.
Hacer implica, muchas veces, equivocarse, encarar por otro lado, recaer temporalmente en el error que tanto nos atosiga y agobia, y aún así saber que de cada prueba aprendemos algo nuevo, conciente o inconscientemente, y que la próxima vez saldrá mejor.
Aceptar los tiempos y procesos, animarse a distinguirlos, corregir sin darse con un látigo, son acciones más propias del que desea ver más Verdad que del que opta por resguardarse, por temor a que le quiten quién sabe qué y, sobre todo, por qué miedo tan acunado que no lo deja ver el bosque que delante de sus ojos se regala, para que él tan sólo crea que es algo amenazador.
¿Qué historia te comiste? Salí a conquistar el mundo, tu mundo, el que te animaste y dejás ver. Ahora, porque con esa política y accionar se irán abriendo puertas y quién sabe dónde estarás en breve.
Las distancias son cada vez más sorteables, son lo que nos queramos imaginar, y las instancias cada vez más disfrutables, digeribles y asimilables. Permití que entren en vos. Y así se desintegrará el enojo, la ira, el sinsentido del hablar mal del otro, para darle paso a lo que sientas y quieras expresar. Cada cual tiene lo suyo, es personal, más solo dando lugar a lo que querés podrás encontrar, encontrarte.
Y ahí, sólo ahí, podrás ver eso de que la vida es oportunidad, constante, y que logramos distinguir y hacer uso de lo que alcanzamos a percibir, peor hay tanto más que, entiendo, apabulla y por momentos da ganas de guardarse. Ok, un rato, pero después salí a captar mundo. Es increíble lo que hay.
Todo empieza con un buscador. Sin un indagador de rutas, caminos a seguir, no hay historia que atravesar, que contar, que vivir, que indagar.
La página de inicio es un buscador. Google pero antes era Yahoo, Altavista, el inspector Crusoe, o Adán y Eva. El que busca es el que obtiene recompensa, el que encuentra sin animarse a buscar apenas si se sorprende, en el mejor de los casos. Puede ser un osado en recibir el destino como un mensaje que le cae más allá de él, ajeno.
Pero el buscador es el que da rumbo, el que direcciona, el que apunta su dislate y lo hace plasmar su don, su esencia más allá de toda postura, íntima y reservada, para proyectarla contra una hoja, una pared, un espacio concreto, que deje muestra de su avance incesante.
El que busca, encuentra, reza el pueblo, y el que mira, deja de ver su derivada e integra las imprecisiones en forma de consulta e intriga. Sin reservas, por más vida, que es la que perdura, y san se acabó.