viernes, 21 de mayo de 2010

Contrastes, un estado en la mente

Vuelto de comer con un amigo. Me planteo que si uno funciona por contraposición, poco tiene sentido en la propia vida. Si alguien nos cuenta que está desorientado por determinada razón, y uno opera sintiéndose tranquilo porque entonces no está tan mal, es inconducente, sin sentido, y nos llevará al ocaso.

Contraponer el estado personal al de quien nos relata cómo se siente es de poca monta, y hace que no se pueda escuchar bien qué lo aqueja al otro. ¿Por qué habríamos de compartir pareceres o sensaciones? El intento de equilibrar la balanza ante quien nos antepone su malestar no es digno ni hace que nos elevemos más que lo que la tarima de ocasión nos permite.

Sino, ante una buena noticia, ¿acaso tendríamos que sentirnos tristes por no estar a esa altura? Muchos operan con ese mecanismo reactivo. Puras falacias, mezcladas con la alucinación de simbiosis impropia e intempestiva. Es aconsejable permitirse que la sensación personal vaya en otra senda distinta a la de las personas que ocasionalmente nos rodean o cuentas sus temas.

Un tema es el otro, otro es uno.
Que buscamos aliarnos y contarles qué nos tiene mal –o bien- a alguien que sentimos en sintonía es lógico y conductivo, pero eso no se emparenta con tener que sentir lo mismo o, en caso de espejos refractarios categóricos, lo opuesto a quien elegimos como interlocutor.

Ocurre que para vivir feliz, o intentarlo, ante tanta gente que transmite su pesar, su lenta agonía en este ámbito en el que nos desenvolvemos, hay que armarse de una coraza, y aún así es imposible sentirse pleno. ¿O podés decir que la vida te sonríe ante alguien que te llena de su propia pesadumbres?

Eso no implica igual la necesidad de vernos afectados por esos dichos a grado tal que nos identificamos y accionamos acorde a su sentir. ¡Es suyo! ¡No nos pertenece!
Y vale aceptar que el otro tampoco está buscando que nos pertenezca, que lo hagamos carne como si estuviéramos igual de tristes que el personaje en cuestión.

¿Quién nos contó el cuento de que el otro se siente más acompañado si le mostramos esa cara? ¿Acaso el pinchado busca alguien igual para escoltar su desdicha? En estos vertiginosos tiempos donde el hipersensible peca de inestable y, en momentos de resguardo, de desensibilizado, y el que no se cuestiona nada pareciera fuerte y decidido, sentarse a reflexionar estas cuestiones, de identificación, parentesco, e incluso límites individuales y grupales, es crucial para no bajarse del barco cuando no está en peligro de hundirse, o para aprender a saltar a la balsa cuando la venida a pique es determinante y se avisora inminente.

En cualquier caso, el salvavidas siempre es de uno, si alguien te agarra o te aferrás a él, te convertís –o se convierte- en ancla, yunque, lastre, y sacarte(lo) de encima es lo más aconsejable. Para no morir en el intento. La compañía excesiva puede convertirse en soga al cuello.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Ahogo entregado a la acción

La contradicción propia de toda determinación relevante. Como que algo hace click y nos vemos en esa instancia de uno y otro modo, de aquí y de allá.
Negación. El síntoma representado en lo que se pega, se adosa a las paredes y nos ata, incluso en la contradicción misma del goce, de la cercanía con la muerte y de las fibras que toca, que en un principio son el velo, el túnel vaginal a recorrer para salir del útero materno, otra asfixia para salir a la vida.
Se somatiza lo que no sale. Psicodramatizarlo es entregarlo a la caja de resonancia grupal, parimos al hijo y nos desprendemos del engendro. Muta a nuevas perspectivas e incluso necesidades del conjunto y el individuo.
Cura, pone el parche a la hendidura y enmienda lo ocurrido –remite a imágenes pasadas, evocación, por esencia- y ayuda a avanzar en tiempo presente.

lunes, 17 de mayo de 2010

La valoración

Darle valor, importancia, relevancia a un acto o una persona es parte de la conciencia que le entreguemos al instante para darle la categoría que se merece.
Aprender a codificar –porque algún código tiene- la psiquis humana es de una diversión tal que por esa sola razón vale la intención de darle valoración a cada evento que se nos presenta.

Pongámosle que la gente cercana sabe qué le pasa a uno, sin necesidad de decirlo. Que presienten la onda en la que gira nuestra energía y la reciben. Eso sería en un cuento de hadas, incluso en una perspectiva un tanto egocéntrica, porque ¿por qué habrían de ocuparse de lo que le pasa a uno?
Quizás presienten otras tantas cosas, y no tienen tiempo de ocuparse de nosotros.

Aprender a hacer las cosas lleva tiempo, estrés, equivocación, fuerza, perseverancia, capacidad de soltar la postura acomodaticia en la que nos solemos cobijar con tal de no dar un paso más de afirmación personal.

Normalmente, las personas creen estar haciendo lo imposible por evolucionar, crecer, poder dar más de sí, pero en esa definición está la razón por la cual pocos logran sentirse así de acabados con su vida cotidiana.
Más que lo imposible, habría que intentar hacer lo posible, por una cuestión de hacer eje en lo que se puede hacer para remediar o resolver algo.
La elección está en uno, si acotar la idea base a la creencia de que se hace lo IMposible o inmiscuirse en el camino de dar con la forma de sumar experiencia y adquirir conocimiento para luego hacerlo mejor.

La dedicación y el saber no hacerse el boludo con lo que ocurre es crucial para aprender a distinguir lo que hay que corregir en el trayecto. Porque siempre habrá algo que rever, modificar -no así de criticar, autoflagelándose inútilmente- pero será diariamente que nos ocuparemos de hacerlo.
El valor que se le da a lo que se asume y acepta atravesar es el paso inicial para sortear cada vez nuevos obstáculos. Estarán, pero se habrá aprendido a superarlos, con lo ya recorrido, con lo que nos animamos a ver.

viernes, 14 de mayo de 2010

Creer, devolver, entender


Matar el tiempo no es vivirlo. Es pretender que pase sin pena ni gloria. Es no tener planes para él -para uno- más que que se suceda y no deje nada relevante al paso.

Ponerle mucho análisis a un mismo tema es como pretender desmembrar en palabras algo que no amerita más que un touch y ver qué ocurre, no desde el pensamiento, sino desde los hechos.

Devolvela redonda. Es una expresión muy usada en el ámbito futbolístico, pero que hoy día siento que aplica a bastantes vivencias que estoy atravesando. Pedirle a alguien que te la devuelva redonda significa que pretendés construir paredes con él, y que si le das un pase (de pelota) bien dado, tenés ganas de que sea recíproco y que te llegue al pie.

Creérsela, hacerse valer, tener conciencia de lo que uno es, es un arma de doble filo, porque se puede tornar creído mal llevado o conducirnos a la soledad absoluta.

Creérsela, bien entendido, es saber hasta dónde se debe repartir el propio sentido de realización y cuándo hay que esforzarse para obtener una devolución acorde.
La monocorde no ayuda más que a estar comiéndose la cola.


Nota: las imágenes son todas obras de Dalí, de distintos períodos.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Historia cercana de quién sabe qué

Primero se trata de entablar vínculo, para permitir conocerse. Uno cree que conoce a esa persona selecta hace un montón, pero la realidad es que hace pocos días –incluso horas- cada cual hacía sus vidas, sin tomar registro de la existencia del otro.
Las coincidencias, los planetas, o quizás el mero deseo de establecer esa relación con alguien hicieron que se crucen, y que empiecen a hablar.

Con el tiempo uno va notando lo difícil que es poder construir diálogo con alguien sin que se presenten trabas limitantes, externas o propias. Porque lo exterior, la apariencia, es una primera aproximación al ser que nos llamó la atención, por algo, por un minúsculo detalle que nos hizo acercarnos.
Como hombre, y por cultura, uno es el que tiene que tener la idea original, ingeniosa, que le despierte primero una sonrisa. Creo que si no hay sonrisa en un acercamiento, pocas cosas harán que ella quiera acceder a conocerte íntimamente.


El punto es que ese día tenés que sentir una iluminación, un mensaje del más allá, que te permita entablar palabras con esa mujer que se destacó del resto por esa minucia que te llama a indagar.
En la ciudad es más difícil construir vínculo desde cero en un lugar social, porque la urgencia, la histeria –no necesariamente propia de ella, sino del ambiente, de la bendita onda-, el acelere magnificado por quién sabe qué premura, hace que muchas personas se decidan en la primera oración que le transmitas si seguirán queriendo charlar con uno.

Uno, esa persona que requiere de energías extremas para dar el paso, que si se piensa mucho es fatídico o decisivo, y sino es simplemente darle cuenta a esa femina que nadie puede llamarle más y abstraerla más de esa situación –loco es que pretendan salirse del espacio que ocupan, sentirse flotando en quién sabe qué- que uno, aún sin siquiera estar convencido de eso, y que lo que salga de chachara en ese instante será llamativo, un pie a que ella siga con el correlato, y que se hilvanará una cosa detrás de la otra para que el vacío –muy común en todo desarrollo normal de una charla- no aparezca y parezca que llena todo el espacio de un infranqueable efecto lividinoso. Que encima el hombre debe pasar por alto de una manera solemne, y a veces hipócrita, si pretende algo más que una sola noche con esa femineidad hallada entre tanto maremagnum visual que contempla a su alrededor. No sea cuestión que piense que nos queremos encamar con ella en ese mismo instante…

¡Seamos sinceros! Si tanto esfuerzo y dedicación implica dar con ella, qué tendría de malo pretender tenerla en nuestras sábanas ese mismo momento en que se está construyendo quién sabe qué. La mente se escinde, y debemos respetar el desdoblamiento para que nada de lo que pensamos en la inminencia destruya lo que queremos construir quién sabe con qué período de tiempo a futuro.
¿Alguien piensa en la temporalidad venidera cuando está en esa situación? No importa, respetá los pasos a dar, no sea cuestión…

Y luego, después de creerse amigos por un momento sublime y mágico, de sentir que su sonrisa ilumina el ambiente y da paso a circunstancias inimaginables, ella se comportará como si no hubiera pasado nada al llegar la oportunidad –muchas veces obligada por los amigos/as que los acompañaron- de despedirse y buscar una forma de acercamiento vía telefónica en el mejor de los casos, o por mail en estos tiempos posmodernos.

El beso suele ser la recompensa mayor si se sabe acceder, pero no siempre es efectivamente consagratorio. Otras, quedarse -y dejarla- con las ganas puede ser el anzuelo para un venidero encuentro.
Es la forma más comúnmente aceptada de acercamiento de historia entre sexos opuestos en la ciudad que todo lo deglute. Incluso las aspiraciones de superación de la convencionalidad. Quién sabe por qué…

lunes, 10 de mayo de 2010

La nuestra

Es muy loco pensar que depende del ánimo y lo que sentimos en el momento la capacidad de defender nuestra posición ante una situación. No es que tenga mayor intención que saberme dispuesto a enfrentar lo que me aqueja, pero la voracidad de las personas pareciera que se ve reflejada en la lupa que uno les muestra, la disposición a escuchar y hacerle frente a lo que vayan a sacar de su vaina.

¿Hace falta conocerse demasiado para saber que lo que nos invada en el instante preciso en que pisamos el palito no es lo que prevalece? Lo eterno, lo que se hace eco constante, es la sensación de sentirnos plenos, pero no siempre pasa. Hay momentos en que no podemos sostener, incluso, lo que pensamos con fehaciencia, y ahí los buitres andan agazapados para hacernos creer algo que no es tal.

Recién al volver a nuestros cabales podremos distinguirlo. ¿Y si decidimos bajo el influjo de esa mala idea? Es por eso que vale inmiscuirse en el autoconocimiento, porque podremos distinguir que no es lo que verdaderamente, de corazón, queremos. Y dejaremos pasar la vuelta. Le diremos que no a la sortija que se nos ofrece para que la agarremos y pensemos que tenemos una oportunidad distinta. ¡Falacias! Son historias ajenas que nos tocaron de refilón, y uno resonó en consecuencia. No es recomendable darle siempre bola a la mente. Muchas veces nos juega una mala pasada.

Al otro día, al elevar la instancia superficial de consecución, algo intangible nos dirá por qué lado ir, sin que eso implique una claudicación, más que nada es una obtención. Rara vez se trata de pura entrega, hay recopilación, hay recapitulación, hay consolidación. Si nos permitimos ahondar y darle vuelo a la canción interna, la que nos dice aunque la tapemos que el sonido va por allí, que la vuelta del habla no convence a nadie, y que tan sólo proponiéndose vaciar de contenidos y llenar de sentimientos erguidos la consumación, sólo por ahí va nuestro don.
Sin ton ni son.

jueves, 6 de mayo de 2010

Dame aire

Te lo pido nuevamente y como un favor, dame aire.
Soy una persona que necesita sus espacios y libertades, su sensación de poder volver a acudir a sí para recuperar la respiración, ese eje cardinal que marca los tiempos de ingreso y egreso al mundo, la vida propiamente dicha.

Somos un reloj natural, y nuestros pulmones marcan el tic tac de las pulsaciones que bombean al corazón. El resto es la fábula que aprendemos a masticar al incorporar por los ojos el renovado mundo exterior. Pero mientras, te lo pido una vez más, ¡dame aire!

Las exigencias autoimpuestas, el apretar al otro con la idea ilusoria de que eso es quererlo, me agobian los sentidos y somatizo el padecimiento infinito, karmático, de no saber despejar el área antes de tiempo, para volver a sentir el buen funcionamiento del cuerpo, algo esencial para la buena elaboración de pensamiento y soluciones.


Tengo la idea que uno se fabrica o busca sus propias obturaciones, y si no aireamos el lugar, dejamos que respire la voluntad de expansión, el polen y los ácaros se apoderan de la situación y se hace más difícil sacarlos luego de escena.

No hay antecedente o predisposición que valga, uno marca los pasos de sus inspiraciones, y expira la idea de que lo que nos presentan como problema no es más que una marioneta de expresión obtusa que nos delimita el accionar. ¿Acaso obedezco a algo más que lo que quiero hacer cada día? Vos vas a venir a decirme por dónde conviene cuando en realidad no tenés clara la pureza del aire que pretendo incorporar, sí, justamente…


Te pido un favor, las veces que sea necesario, dejame respirar, sentir que mis alveolos, mis bronquiolos -y todos los olos que sean necesarios, por más que huela mal- se nutran de lo básico para que de ahí surja la voluntad de dar más. Sin aire, no hay espacio para la expresión, porque el cansancio se apodera del cuerpo en lo inminente, y por más que queramos el agotamiento nos juega una mala pasada.
No quiero saturarme de vos, así que, por el amor de Dios, dame aire.

El viento, la buena circulación da paso a la consumación de hechos.
Sino, representado en tos, agobio, máxima puesta en impacto irreverente, el mismo cuerpo queriendo darnos a entender lo que la razón no quiso aceptar, la imposibilidad de escuchar lo que querés transmitirme se hace presente, y dudo que así pueda llevar al bajo vientre un aire que se hace denso y se deja ver y sentir sólo en el pecho, arriba, en los alrededores del cuello, tenso, y la espalda, siempre bloqueada, que no permite conciliar el sueño, valorado en estas instancias de saturación.

Inhalo. Exhalo. Y me dejo ser, porque vos no vas a venir a decirme cómo se hace. Más que nada, aún sin darte cuenta verdaderamente, porque tu capacidad de dejar al otro sin chance, de hacerlo sentir el peso de lo que se respira pero no se inspira, es consagratoria, y yo elijo encomendarme a la buena acción.
Todo expira. Aún tu manera repetitiva de ser. Dame aire, y después, de ser posible, hacete aire. Tal vez así pueda asimilarte.


lunes, 3 de mayo de 2010

Argentina, ¿el pueblo que busca saber?

Hace ya 8 años, en plena crisis del 2001, escribí esto a un posible interlocutor que viviese fuera de Argentina, y quiera saber qué pasaba. Sociedad compleja, se trata esta...

Soy argentino y, aun con mis 20 años de vida, creo poder opinar sobre la situación en mi país.
Actualmente nos encontramos ante un problema que fue sumamente previsible durante los últimos 10 años. Un Gobierno que comenzó con Carlos Menem que, como decimos nosotros, "vendió las joyas de la abuela", es decir, vendió a manos privadas toda la riqueza del Estado argentino. Esto devino en el inminente cierre de las fabricas e industrias del país.
La convertibilidad aplicada por el entonces mago Ministro de Economía Domingo Cavallo era una mera ilusión óptica, que sería útil mientras se pudiera derrochar la plata de las privatizaciones realizadas. Luego, un país sin producción interna devino en un rápido aumento de la desocupación y la pobreza.
Todo esto con el agregado del principal destructor de esta nación: la GRAN corrupción política. Coimas, venta ilegal de armas, corrupción y más corrupción. Imposible llevar adelante a un país así...

Finalmente, surgió De la Rúa cuyo grave error fue prometer mucho en su campaña electoral, más de lo que podía. Cuando llegó al poder se encontró con una nación completamente en bancarrota y encima no supo tener "tacto" político. La realidad se lo "comió crudo" a aquel presidente que la opinión pública comenzó a tratar como un viejito senil.
A esto se agregó la continua ambición de poder de los "mafiosos" sindicalistas locales combinados con el partido opositor (que fue quien comenzó todo esto) y su codicia llevó a que la bomba explotara en manos de quien era el Gobierno de turno... Bummmmm!!
Conmoción social, saqueos a supermercados, cacerolazos de protesta, muertos por represión policial.

Ahora estamos con los buitres comiéndose entre ellos, peleándose por las migajas que quedan. Y, por suerte, el pueblo adquirió protagonismo político nuevamente y con protestas pacíficas sin enarbolar banderas políticas, hechas en repudio a la clase dirigente de la cual ya está harta y la Justicia de este bendito país que está atada al Poder Ejecutivo nacional. Lamentablemente los políticos interpretan este mensaje acorde a sus intenciones de poder.
Así está todo, este es un resumen que traté de hacer distinto a lo que muestran los periódicos argentinos. La verdad que el final de esto no lo sabe nadie, pero espero que sirva para algo porque sino seré uno más que integrará la lista de emigrados del país. Y el último que apague la luz...

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