lunes, 14 de septiembre de 2009

El Gran Pez, ¿exagerado, mentiroso, fabulero, criminale o malandrino?

El exagerado es aquel que no tiene aún una dimensión real de lo que representa su accionar o decir en quienes lo rodean. El que exagera quiere medir su reacción ante los hechos que le pasan demasiado rápido. Quiere atarse a uno de la forma que fuere, para tener de dónde partir y tomar fuerzas hacia el resto.

Nunca es malintencionada la exageración, porque es meramente una carga excesiva de entusiasmo, por el sólo hecho de no haber aprendido aún a lidiar con la multiplicidad de situaciones. Es la muestra de voluntad y excitación puestas al servicio del embale personal.

Me quedé pensando, no es malintencionado siempre que venga de alguien que ve el mundo como un sinfín de posibilidades. Todas se abren al campo de examinación, e indagar en ellas nos provoca alegría.

La exageración es una actitud para el afuera, el remedio provisorio de aquel que no tiene superado el “qué dirán” pero quiere transmitirle la mejor de las energías positivas a quien le comparta una idea.

Sirve exagerar. Permite llevar el foco a la situación extrema de imaginación de una cosa. Es peligroso exagerar, si llegamos a creernos que ese pensamiento fantasioso es un hecho. Y también si nuestro interlocutor cree como verídico todo lo que afirmemos.

La exageración genera una inevitable expectativa. Y hay que saber controlarla, o más bien dejarla pasar, para no morir en la ilusión interpretativa y hacer de esa cualidad una virtud aprovechable.

Quien no exagera no se permite volar, abrir las alas de la inconsciencia para dar paso a la capacidad de inventar nuestra propia realidad.
Es decir, es preferible serlo que estar limitado al campo de lo conciente y tangible.

Ahora bien, hay que saber cuándo se está aplicando para poder desactivar la bola exagerativa cuando ya podría ser mal interpretada o guiada hacia el camino de la negatividad. Exagerar los aspectos negativos sería la peor autosentencia posible.
Esperemos lograr el equilibrio eternamente ansiado.


Y lo digo sin exagerar. Haciendo el intento.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Sabia decisión

Las decisiones nunca deben estar fundadas en otras que alivianan la carga de la primera.
Eso será un traspaso de responsabilidades, sin tener claro si lo decidido es por sí solo lo correcto.

Hay que aprender a esperar el momento en que un hecho madura lo suficiente como para, recién ahí, sacar los frutos y degustar lo decidido, casi sin notar ese momento culmine y conflictivo a la vez, en que todo depende del camino que elijamos.

Tener poder de decisión no es optar sí o sí por algo sino tener la paciencia para que los hechos se acontezcan según deseamos, en el instante justo y preciso en que se hace carne el acto instinto de decidir.

Bien llevado casi ni deberíamos notar la diferencia entre decidir y actuar acorde a la intuición. Jamás una decisión debe estar basada en la opinión de otro. Esas elecciones terminarán flaqueando y nosotros culpando a quien nos aconsejó.

Y finalmente, saber que tras decidir hay que hacerse cargo de lo elegido. Pocas veces es tan relevante la decisión en sí, sino la fuerza y certeza que le pongamos a los hechos venideros. Ese empuje determinará si estábamos acertados o no. No hay vuelta atrás, es verdad, pero sí hay mucho por delante de una decisión. Todo.

Y relativizar la elección es clave para no trabar lo que el instinto quiere decirnos, y muchas veces lo bloqueamos metiendo demasiada cabeza.

Dejar actuar al corazón suele ser la más sabia decisión.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿Elegir mujer?, o contra la pareja convencional

Siempre está a tu elección. Depende cómo lo descubras, dentro tuyo, y cuánto el otro ayude a sacarte esas máscaras que solemos poner para limitar tanta libertad de acción.
Qué lleva a los hombres a elegir a La mujer que lo acompañará, cómo mínimo en un largo período de sus días, y hasta a planear proyectos inabarcables si no fuera por la fuerza que los dos deben ponerle. Sea un crío, una convivencia en cuatro paredes, libres de tiempo o con las exigencias laborales a flor de piel. Las que uno mismo se genera, cada cual en su metier.

¿Pero que nos lleva a tener que elegir? ¿No es que en la variedad está el gusto? ¿Estoy confundido o durante largo tiempo se le dio mucha bola a una premisa, un valor de vida que nos fue imposible de cumplir, a la sociedad toda? Las peleas por “engaños” encabezan el ranking de divorcios, recurso que se tuvo que inventar para contrarrestar tanto troglodismo de encasillar a las personas en escalas de palabras, limitantes, necesarias para comunicarse, pero no para sentir.

El tener que respetar la convención de que casarse, o noviar, es exclusividad comprada nunca me convenció. Más bien optaría por aportarle algo a la relación que mantenga una llamita siempre encendida, a pesar de los obstáculos que deberá pasar.
Casi por definición un vínculo tiene sus aspectos positivos y negativos, aflorarán en el momento que sea necesario, e inmediatamente empezaremos a “evaluar”, categorizar en nuestros propios esquemas de razonamiento la dimensión de entusiasmo que nos provoca esa persona que allí se hace presente.

Estar presente. Esencial para saber decidir por el camino indicado. Que también siempre circunda un momento de nuestras vidas. Nunca nos dijeron que iremos cambiando con el tiempo, pero es lo que pasa, y de esas sensaciones dependerá a quién queramos como compañera de emociones. Hay períodos en que el amor de un amigo puede ser más contenedor que el imperio de una hembra que sepa calmar este constante deseo de más.

¿Qué hace que se tome la decisión conciente de que no nos calentará más el sexo opuesto desde que nos casamos? ¡Una vil mentira! ¿O una “mentirita piadosa” y todo al carajo lo construido? No puede ser que penda de un hilo tan débil una relación amorosa, como la que se quiere lograr con la persona con la que se comparten muchos gratos momentos…

Yo agarro para acá, ¿vos? O uy, ¿te puedo acompañar?, parece ser la propuesta continua para quien se digne a soportarnos buen tiempo del día, de las horas, con quien se nos haga una celebración el vivir y encarar nuevas metas y soluciones posibles. Acompasar. Ser el relajo del otro, distender las intenciones y dejar paso a las sensaciones.

Por sólo integrar parte de un reino que nos será imposible habitar, el de la femineidad, el consabido sexo opuesto, la mujer, pertenece a esa escala de valores que nos parecen ajenos y nos producen deseo a la vez. Por distante, por complementario.

Descontrol relativo

La relatividad del criterio con que se puede mirar un hecho no deja de anonadarme.

El deseo de control atenta contra la felicidad posible. El querer saber qué pasó o pasará, o querer tener bajo cierto dominio los aspectos que rodean un tema, genera un bloqueo tal que nos imposibilita experimentar gratas sensaciones más a menudo.

Es, indefectiblemente, el deseo de superación el que nos lleva a desear continuamente más, creerlo posible. Sin ansias ni exceso de autocrítica se podrá ir conquistando terreno y que esos sentires nos vayan invadiendo con mayor asiduidad, como quien no quiere la cosa se presentan situaciones de goce pleno.

La paranoia no es más que un ingrato recuerdo que se hace presente para potenciar nuestros encontronazos internos. La disonancia de pareceres propia de todo neurótico llevadas a un extremo que nos hace destilar rechazo hacia lo que se nos regala.

martes, 8 de septiembre de 2009

De sexo, calle y prohibición

Porque la mujer es sexo, sensualidad expresada en deseo incontenible, que preferentemente genere un desborde tal que se convierta en algo irrefrenable la necesidad de unir nuestros cuerpos por alguna extremidad.

Después está el aspecto ameno de la charla y los aconteceres mismos, pero ese es otro cantar.
Prefiero las que no tienen mala intención, les gusta filosofar más que culturizar, y se divierten con poco.

El resto está en el vínculo, en cualquier lado uno puede divertirse si ese es el deseo. En cualquier lado uno puede tener sexo si ese es el motor.
Las cosas buenas pasan en los momentos más comunes, en la situación menos esperada, por estar así, paveando juntos. Forzado sale todo mal barajado.

Cuestión que se hace difícil, dar con el paradero,
pero la búsqueda es constante, el hallazgo la sonrisa,
y la prisa que desliza me (le) dará muestra de mi (su) pija.
Y que no aflija, es sólo la mente prolija la que le da vueltas al juego,
y no permite entrar, m'hija, no exija, así uno la puede cobijar.
porque no es de complejidades que se generan actos, sí pensamientos,
y por eso recomiendo pasar a la acción.



A un hombre simple, sólo dale a entender que decidió bien y que te gusta lo que piensa/dice/hace y estarás feliz toda la vida, al menos si querés estar a su lado



Calle 13 y Callejeros, directos, incisivos, música de pueblo, de pesado que aguanta. Uno puertorriqueño, otro argentino, Cromagnón mediante.
Para escucharlos.



porque en lo más violentamente popular está la respuesta al país que no miramos...

sábado, 5 de septiembre de 2009

En principio

Mis propios links recomendados de escritos, ensopadeletreados, para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero.
Mi proclama de principios, mi lista de pendientes eterna, mi forma de ser.

Amar, evitar las relaciones tóxicas
Después de todo, el amor en hechos consiste
Buscar la inspiración de algún modo
Dejar el malhumor de lado
La incertidumbre no duele
Al fin y al cabo, ¿qué te da felicidad?
Ya no es tiempo del puro cuento, y la espera terminó.

Vivir es una cuestión de actitud
Y no olvidar el dicho popular: “dime de qué te rodeas y te diré quién eres”
Rodearse de verdaderos amigos y volverse lo más parsimonioso posible, si total la paz es una ciencia

Dejar atrás los mitos del miedo y darle paso al dolor que tenga que ser
Tener en cuenta la inevitable postergación y los ideales al momento de actuar y saber que de intencionalidades vive el mundo.

Rechazar a los absolutistas
No olvidarse nunca de la filosofía de las pequeñas cosas y ser siempre un guerrero, en cualquiera de sus formas
Y como defensa personal simplemente permitirse no interpretar, sino resonar
De aprender a soltar y tomar se trata, y confiar que siempre la vía indirecta se encargará que pase.

Y finalmente, Argentina, ¿y si no hay un malo que combatir?












viernes, 4 de septiembre de 2009

Sin vergüenza e inhibiciones

Las inhibiciones ante lo nuevo, lo extraño, todo aquello que puede excitarnos más de lo que conocemos.
¿Hace falta conocer?

La pared, el muro limitante, la distancia y no encuentro de confianza, son lo mismo pensado distinto, la inevitable sensación de soledad real, sin el condimento del pesar que le agregamos.
Es así, la distancia inicial y posterior siempre está, a lo sumo podemos hacer hincapié en sentirnos unidos, acompañados, pero siempre estará.


Porque primero hay que aceptar que estamos solos para después salir a la búsqueda bien intencionada de compañeros de viaje, sin aferrarse a nada más que lo que se nos ofrece.

En compartir escenas renovadas reside todo el núcleo de desenlace. Y la pared o la indiferencia siguen ahí, sólo que guardadas por un rato.

¿De qué tener vergüenza si es sólo darnos a conocer tal como lo vemos en solitario?
De ahí nada puede ser juzgado, porque es la propia sensación la que reproduce nuevas escenas. Y la película vuelve a comenzar.

Las paredes del mundo, de la realidad, son blandas, lo podamos ver o no por estar tan metidos en nuestra rígida sensación de ser materia. Venimos al mundo a aprender y buscar adeptos a las causas que se asemejen a la nuestra, sin olvidar que somos uno, conectado con el todo.
Y de ahí se ven blandas las paredes, las limitaciones, si es a propia elección, a gusto de quien lo lleve.

Lo duro, lo tosco, de la pared, está dado por la acotación que le impregnamos a la realidad, para entenderla, para sentirnos cómodos y contenidos, porque ¿si no estuvieran? Si se levantaran las paredes que delimitan el escenario de la propia vida, ¿a dónde iríamos a parar? ¿Habría espacio para la expresión de todos los que componen este mundo?

La acotación tienen su razón de ser, y es la represión autoimpuesta para permitirnos enfocar y crecer en el núcleo, en el ámbito propicio que nos creamos cada día para desarrollarnos, para desenvolvernos con soltura.
Y a la espera de la próxima aventura.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Luchetti y el factor sorpresa


Desde chico me gusta ver o escuchar las publicidades casi tanto como los programas que sintonizo.
A los 12/13, quedarme a la noche viendo el Show Creativo o del Clio de Gujis y Lagos los sábados era todo un divertimento...

Y en estos días hubo una que me llamó la atención particularmente. La publicidad de caldos Luchetti está por fuera de lo convencional que uno se encuentra en la tele o radio. La primera vez que la vi me reí mucho.



La clave está en que sorprenden con un humor familiar y no por eso menos sarcástico o irónico.
Son una serie, para disfrutar:







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